domingo, mayo 23, 2010

martes, marzo 30, 2010

Grupo Santiago; miercoles 7-8 tarde noche por www.somosunoradio.org

Una velada especial amenizada por el Grupo Santiago y su interpretación particular de temas de compositores mexicanos y de las diversas regiones del país.

SomosUno Radio


Desde Santiago de  Querétaro, el grupo más representativo de la música tradicional mexicana en el centro del país, con un trabajo excepcional a lo largo de 12 años, habitan el espacio de la música de Somosuno Radio desde Monterrey México.

miércoles, enero 06, 2010

Acoso y amenazas a padres de niños fallecidos en la Guardería ABC de Hermosillo...




Padrés Elías busca que se reclasifiquen los delitos a los procesados
Presuntos militares acosan a padres que exigen justicia en el caso ABC
Ulises Gutiérrez Ruelas
Corresponsales
Periódico La Jornada
Miércoles 6 de enero de 2010, p. 9
Hermosillo, Son., 5 de enero. Los padres de los 49 niños que murieron a causa del incendio en la guardería ABC denunciaron que en los días pasados, en el plantón que mantienen frente al palacio de gobierno estatal, han recibido amenazas veladas y acoso por parte de desconocidos, algunos –dijeron– al parecer militares vestidos de civil.
Aseguraron que se trata de represalias por las protestas y pega de calcomanías para exigir castigo a los responsables de la tragedia que hoy cumplió siete meses.
Advirtieron que a pesar de estas acciones intimidatorias, su movimiento no cesará en la búsqueda de justicia y, por el contrario, su lucha se intensificará hasta obtener un castigo ejemplar para los culpables de la muerte de 49 infantes y lesiones a decenas más, en el incendio de la estancia subrogada, expuso Patricia Duarte, una de las voceras del grupo.
Ha llegado mucha gente que nosotros pensamos viene con toda la intención de hacernos sentir más mal de lo que estamos, con amenazas veladas y provocaciones, explicó.
Detalló que una de las tácticas más recurrentes que han empleado los desconocidos y presuntos militares en los tres días recientes es acercarse a sus casas de campaña y hablar en voz alta por celulares o con radio con otra persona, a la que confirman el número de manifestantes presentes y lo que hacen en esos momentos.
Durante este difícil recorrido de siete meses hemos recibido solidaridad y apoyo, pero también provocaciones de personas que se han prestado a causarnos más daño con comentarios o ciertos rumores, comentó Patricia Duarte.
Miguel Ángel Haro Moreno, ex candidato del Partido del Trabajo a la gubernatura de Sonora e integrante del Movimiento Ciudadano 5 de Junio, reveló que hace cuatro días una mujer robó algunas de las fotografías de los cinco accionistas de la guardería ABC, las cuales estaban impresas en mantas con la leyenda Justicia.
El gobernador de Sonora, el panista Guillermo Padrés Elías, expuso que buscará que se reclasifiquen los delitos por los que han sido procesados los presuntos implicados en el incendio de la guardería ABC. El mandatario estatal manifestó que su administración analizará la posibilidad de realizar esa gestión, de acuerdo con las facultades que las leyes le confieren.

martes, junio 02, 2009

Libertad a los Presos Políticos de Atenco



Asiste el jueves 4 de Junio al Ángel, para que obliguemos a cancelar estas aberrantes sentencias a los compañeros y pobladores de Atenco.

jueves, enero 01, 2009

De intelectuales, críticos y mafiosos



Andreas Kurz

Ilustración de Huidobro

Hace no mucho tiempo participé en un congreso dedicado a las obras de Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud. Admito que sólo escuché pocas ponencias, dado que la ubicación de la ciudad sede a orillas del mar ofuscaba el atractivo de las lecciones eruditas. Aun así regresé a casa con una enseñanza valiosísima en mis maletas acerca del estado actual de la crítica literaria en México y, muy probablemente, en general.

Los críticos (académicos) que se ocupan de Nietzsche siguieron dos métodos opuestos: 1. Parafrasear correcta y sobriamente los textos y tesis principales del gran sifilítico, y aderezar los resúmenes así adquiridos con una que otra cita textual provocadora. 2. Convertirse en supernietzsches, que no en superhombres, es decir, superar las metáforas oscuras, vagas y líricas, en ocasiones dulzonas, belicosas y prejuiciadas del gran filólogo anárquico, con figuras retóricas tenebrosas, desequilibradas y melifluas, en ocasiones empalagosas, terroristas y maniqueas.

Los escasos freudianos procedieron de manera similar: variaron levemente los párrafos del psicólogo vienés o –y admito que en esta categoría debo ubicarme a mí mismo– borraron los límites entre vigilia y sueño mucho más tajantemente que el padre del complejo de Edipo.

En el vuelo de regreso a Ciudad de México leí varias reseñas literarias –y la analogía entre la crítica de libros y las brumas académicas freudianas y nietzscheanas se me presentó de repente. La crítica literaria, la de las revistas y suplementos culturales –la académica es otra cosa, ya que ni evalúa, ni recomienda–, procede por lo general de dos maneras diferentes: 1. Resume el contenido del libro y espera que el lector potencial se quede “picado”. Eventualmente agrega un placet o un non placet, sin perder demasiado tiempo con la justificación del gusta o no gusta. 2. El reseñista se reseña a sí mismo, es decir, aprovecha la reciente publicación de una novela, un poemario, un ensayo, etcétera, para reflexionar sobre su excelsa persona y, de paso, demostrar al lector de la reseña que aún le falta mucho para ser tan astuto, sabio y erudito como el crítico, quien suele “releer” las obras y, propiamente dicho, ya lo conoce todo. Así que, si el lector potencial pretende ponerse a la altura del crítico, que empiece con el libro escogido por el criterio infalible del lector maestro. Este tipo de reseñista no suele hablar de libros malos, no le gusta escribir textos que destrozan textos. Todos sus amigos y conocidos producen buena calidad. Un subproducto de esta especie se da, de manera biológica, cuando el crítico envejece. Se convierte en Papa y canoniza. Harold Bloom para la literatura anglosajona y Marcel Reich Ranicki para la germana, siguen ejerciendo su pontificado que, en el caso del polaco-alemán, rebasa el de Juan Pablo ii . Ignoro cómo se llaman los Papas español y francés, los subpapas argentino y mexicano. Ha de haber.

Entiendo la crítica literaria cotidiana como un intermediario entre libro y lector. Una tarea de utilidad y responsabilidad, sobre todo en países con mucha producción literaria, pero pocos lectores y menos difusión. La crítica literaria sirve al libro. Nada más y nada menos. Como buena sirvienta es, en ocasiones, más lista que el amo: lo corrige, lo manipula sutilmente. Como sirvienta rebelde da, de vez en cuando, una patada al amo y le grita que se calle. Si el amo es tolerante, liberal y mínimamente modesto, entonces disfrutará de la plática con su sirvienta, la que le jurará fidelidad incondicional, aunque a veces se permita ciertas irreverencias. Los críticos descritos en el párrafo anterior son pésimos sirvientes: insípidos y bastante inútiles unos, altaneros e indignos del amo libro, del amo palabra escrita, los otros. Más allá del bien y del mal, la subespecie: el canon de los críticos que dicta un canon de autores que adora al canon de los críticos porque quiere permanecer en el canon de autores, en la vecindad de los clásicos, los que no se quejan de nada porque están bien muertos.

Obviamente mi ideal de la crítica literaria y mi percepción del estado de la crítica literaria actual divergen. Divergen mucho, forman un contraste. Es decir, según mi percepción, la crítica literaria actual está en crisis. La crítica, la verdadera, prácticamente dejó de existir. Muy pocos la ejercen aún. Hay escasos alumnos de los grandes maestros: los antiguos como Sainte-Beuve o “Clarín” o, ¿por qué no?, Menéndez y Pelayo; los modernos como Barthes o Américo Castro, o Alfonso Reyes o Juan García Ponce, cuando fungen como críticos de uso, no académicos, como tales son otra cosa, creo que ya lo dije.

La crisis de la crítica literaria cotidiana me importa, por otro lado, un comino. Seguro que crisis hay. No puede ser de otra manera. Siempre hay crisis. Desde que tengo memoria hay crisis: política, económica, espiritual, cultural. Claro que también la crítica está en crisis. Sólo es justo.

Esta obvia crisis de la crítica literaria revela una crisis –y ésta sí me importa– del pensar. Es un caso excelente para ilustrar el lamentable renacimiento del Korpsgeist en el medio intelectual. Ponerse la camisa de una ideología, un partido, un líder, una revista, un filósofo, un prejuicio. No quitarse la camisa nunca, ni siquiera cuando ya apesta, no lavarla, no renovarla, no enmendarla y, pese a su lamentable apariencia, pensar que es la más bonita y moderna. Esto podría ser la paráfrasis de Korpsgeist en español.

No sorprende que la palabra intelectual haya adquirido connotaciones negativas que no excluyen un desprecio vergonzoso: perezoso, inútil, sanguijuela, oportunista, engreído, pretencioso, elitista. La lista es larga y, curiosamente, incluye la mayoría de los epítetos que tradicionalmente se relacionaban con el poeta o el artista puro. Se olvida que el concepto intelectual se generó precisamente para hacer frente a la supuesta inutilidad social del arte, de la escritura, del pensamiento en su forma más noble.

Cuando Émile Zola alcanza los límites de la escritura naturalista –concluye su gran ciclo en 1893–; después de su intento frustrado de entender, en sus Tres ciudades, la religiosidad de una época irreligiosa, cree que la escritura no sólo puede analizar la realidad, sino también debería formarla y penetrarla. Zola defiende a Alfred Dreyfus sin conocer al oficial del ejército francés y chivo expiatorio en un escándalo de espionaje peligrosamente parecido a una opereta straussiana. Dreyfus convierte al escritor en intelectual. Zola, Mirbeau y Anatole France, entre otros, se dan cuenta de que el pensador cumple con una función pública de suma importancia: no es manipulable, la verdad le importa más que los intereses particulares y egoístas, más inclusive que los valores patrióticos y la imagen de Francia. La prensa nombra al grupo alrededor del autor de Yo acuso como intelectual, probablemente sin saber que con ello genera un mito: el de los pensadores y artistas responsables, verdaderos barómetros sociales, intachables sus actitudes éticas, aunque sean escandalosas y nihilistas sus producciones artísticas. Hoy sabemos que Dreyfus no salió libre –hace 102 años– gracias a la intervención de Zola, sino debido al miedo del gobierno francés ante un posible boicot inglés y estadunidense de la Exposición Mundial. Aun así, el mito del intelectual clarividente y defensor de la verdad perdurará y tendrá, en Francia, representantes como Sartre, Foucault y Baudrillard, cuyas obras pueden ser desconcertantes y frustrantes, cuyo engagement , sin embargo, a pesar de celos y envidias humanos demasiado humanos, suele ser ejemplar. Hasta los que llegaron a negar la existencia de verdad y realidad no renunciarían a esta apertura del intelectual hacia el mundo concreto. No olvidemos que inclusive el muy onírico Breton decía de sí mismo que su lugar preferido era la calle.

¿Cuándo el intelectual se convierte en sanguijuela social? No dudo en responder, aunque sé que el término tiene connotaciones muy específicas en la cultura mexicana: cuando se vuelve mafioso, cuando forma grupitos, que ya no son grupos que se desprecian mutuamente por razones puramente artísticas, sino que protegen celosamente sus privilegios culturales y económicos. El pensamiento, entonces, sirve a una institución, a una persona, probablemente muy loables ambas, mas el pensamiento deja de ser pensamiento cuando empieza a servir. Los intelectuales franceses se enfrentaron a este dilema cuando tenían que decidirse entre partido sí o partido no, los intelectuales actuales cuando se trata de la pregunta: ¿mafia sí o mafia no?

La crítica literaria tiene escasa importancia dentro de este escenario, “sólo” es sintomática. Los críticos que se explayan sobre un poemario en frases brumosas y místicas que sólo ellos entienden, no son intelectuales; los que resumen el contenido de una novela, de un cuento, parecen creer que con ello brindan un servicio a un público incapaz de leer; los que admiran en cada reseña su propia erudición juegan un papel elitista; de los Papas no hablaré, viven en otro mundo. Las actitudes mencionadas son asociales y antidemocráticas, por ende antiintelectuales en el sentido dreyfusiano. El mejor arte y la mejor literatura son asociales. No cabe duda, y qué bueno que así sea. Las mejores obras son herméticas, especulan deliberadamente con la ignorancia del público. La obra se encierra en sí misma, mas no se cierra hacia el mundo; está en el mundo, pese a su hermetismo. La crítica literaria, que pretende ser un campo intelectual, ignora olímpicamente el mundo cuando fabula acerca de su propia crisis, porque no se da cuenta de que es el subproducto de un producto expuesto a los ojos de todos, es decir, ella misma, debería dirigirse a todos, en lugar de practicar el autoerotismo público.

Rafael Lemus, joven crítico al que aprecio porque se opone a las mafias viejas y jóvenes, se equivoca, sin embargo, cuando pretende elevar la crítica al rango de obra de arte por excelencia. Baudelaire es el modelo. El autor de Las flores del mal, las que, hace siglo y medio, preinauguraron la modernidad, exige, en El pintor de la vida moderna, que el crítico debe ser artista, que la reseña de un libro o un cuadro, una obra de arte original. No obstante, Baudelaire siempre tiene en mente el veredicto de su contemporáneo y amigo Gustave Flaubert: el autor debe desaparecer en su obra, debe ser como Dios que está en todos lados, pero siempre invisible. Baudelaire y Flaubert se hubieran reído a gusto sobre las exigencias hímnicas de Lemus. En “Por una crítica en crisis”, artículo aparecido en el primer número de Cuaderno Salmón, se lee, entre varios pasajes verdaderamente grandilocuentes, lo siguiente: “El crítico habita un libro y se bate con el lenguaje para narrar su estancia. Al escribir se desnuda: su escritura lo revela. Apenas vierte sus juicios a un idioma y ya sabemos demasiado de él. Nada más expresivo, menos pasivo, que la prosa. Basta revisar la sintaxis de un crítico para conocer qué literatura desea. En su ritmo descansa su postura ante la literatura. Sus ideas y juicios son secundarios: se desprenden, como todo, de una escritura. Un crítico vale lo que su prosa.” No me gusta la idea del crítico desnudo, me sobran los poetas y novelistas desnudos, cuyos egos se transparentan en sus libros. No me interesa qué literatura desea el crítico, prefiero las sorpresas, abrirme a la literatura que es un abrirme al mundo, a la calle. No quiero saber nada de la personalidad del crítico, ni de su ritmo, ni de su estilo. Éstos sólo tienen validez dentro de su mundillo herméticamente cerrado que, desgraciadamente, no se ofrece al mundo porque éste no le concierne.

Cuando empieza el metadiscurso en una disciplina, empieza la crisis. El metadiscurso puede ser muy rico y productivo cuando pretende superarse a sí mismo. Cuando sólo se contempla a sí mismo es estéril y aburrido. La crítica, que Lemus exige, sólo se contempla a sí misma. Los intelectuales de hoy, los visibles, están muy contentos en medio de esta autocontemplación. Suelen vivir bien, tienen reconocimiento, espacio y medios para producir. Desgraciadamente, no son intelectuales porque no distinguen entre campo social y campo artístico. Éstos se confunden y amalgaman. La crisis, la que sea, se vuelve deseable y bonita. ¡Qué salto cuántico etimológico admirable!

Lemus empieza una de sus reseñas, la que, como tal, es excelente, porque reta a un miembro de una mafia joven, el que probablemente ni siquiera sabe que pertenece a una mafia, con una afirmación reveladora: “El reseñista se presenta. El reseñista no es Roland Barthes.” ¡Correcto! Quizás Barthes sólo leía “a medias ciertos libros”, pero Barthes era un verdadero intelectual, propagaba el fenómeno literario en medio del campo social, inclusive con la ayuda de los libros que aborrecía. Barthes detectaba muchas crisis en su entorno, pero no se sentía nada bien entre ellas. Barthes pensaba y escribía contra la crisis, no en su apoyo. Barthes no pertenecía a ninguna mafia, ni quería pertenecer a ella.

La crítica literaria haría bien en no excitarse con la propia crisis, en tomarse un poco menos en serio; haría bien en recordar a los escritores que están a punto de olvidar que también son intelectuales.

Enseñanzas de un congreso sobre Nietzsche y Freud a orillas del mar, quizás producto de una insolación.

sábado, marzo 29, 2008

Desfiladero

Jaime Avilés

■ Calderón vendió Pemex en California

■ Se comprometió con gaseras de México y Canadá

■ Despilfarró 19 millones de pesos el 15 de septiembre

Durante una reunión patrocinada por Igasamex –conglomerado de firmas de México y Canadá, que hacen negocios con gas natural y productos petroquímicos–, Felipe Calderón aseguró que “61 por ciento de los mexicanos está en favor de una reforma” que modifique el régimen legal de los hidrocarburos en nuestro país.

También dijo que durante los próximos 10 años, “México requerirá una inversión de 140 mil millones de dólares para desarrollar su energía”, y garantizó que, en materia de petróleo y gas natural, “el potencial de nuestro país es enorme”, y subrayó este adjetivo, “enorme”, antes de advertir que no podía “hablar de muchas cosas (al respecto) porque es un tema muy peligroso en términos políticos y si queremos ir hacia delante hay que hacerlo paso a paso”.

Sus palabras quedaron registradas en un video que grabó el Instituto de las Américas, en una charla que Calderón sostuvo con el ex embajador de Estados Unidos en México, Jeffrey Davidow en La Jolla, California, el 10 de noviembre de 2003. (Ustedes pueden consultarlo en YouTube, bajo el nombre de “Encuentros: Davidow and Calderon November 2003”).

¿Qué insinuó el entonces secretario de Energía con eso de “si queremos ir hacia adelante hay que hacerlo paso a paso”? Claro: que tenía que obtener, primero, la candidatura del PAN a las elecciones de 2006 y después llegar a Los Pinos “como haiga sido”. Aquel encuentro con Davidow en realidad fue una entrevista de trabajo, en la que el autodenominado “presidente del empleo” le pidió a Estados Unidos el empleo de presidente de México.

La comparecencia fue auspiciada por la Reinhart Foundation, de San Diego, California, que fomenta “proyectos para México y Guatemala” bajo el lema “ayudando a otros a ayudarse a sí mismos”, y por el consorcio Servicios Integrados de Gas de México (Igasamex, en inglés) que en su página web se anuncia como una empresa establecida en 1996, dueña de “13 gasoductos en México con los cuales sirve a 86 clientes que representan todas las ramas de negocios del país”.

De acuerdo con su propio portal, Igasamex tiene presencia en todo el Golfo de México, desde Altamira, Tamaulipas, hasta Yucatán, pero, ojo, no en Campeche, territorio exclusivo de la familia Mouriño. Socios de Igasamex, y por lo tanto copatrocinadores del encuentro de Calderón con Davidow, fueron asimismo Fergus Thermes, Corporativo San Ángel y Saks Energy.

Fergus Thermes, “empresa mexicana con 60 años de experiencia”, posee una múltiple personalidad que le permite fabricar equipos de refrigeración, importar/exportar petroquímicos, alquilar bodegas en el estado de México y oficinas en la colonia Del Valle y dar toda clase de asesorías, mientras Corporativo San Ángel, con oficinas en la calle de Altavista, DF, lleva “80 años distribuyendo combustóleo, diesel y combustibles marinos”, desde que alguien la fundó en 1927 y, por lo visto, no se enteró de la expropiación petrolera de 1938. Lo misterioso del asunto es que en Internet, ni Fergus Thermes ni Corporativo San Ángel revelan los nombres de sus propietarios, como tampoco hacen los de Sask Energy, que “suministra gas natural a 314 mil clientes a través de 64 mil kilómetros de ductos en Canadá”.

Estos magnates sin rostro impulsaron la precandidatuta de Calderón ante Davidow, un embajador de carrera que estuvo en Chile antes y después del golpe contra Salvador Allende, más tarde en países petroleros de África y por último en México, donde se jubiló a mediados de 2001, antes de asumir, en junio de 2003, la presidencia del Instituto de las Américas, creado por intelectuales de la Universidad de California en San Diego para “promover discusiones y debates sobre políticas públicas en países de la región”.

Aquella noche de noviembre de 2003, Davidow dijo que Calderón estaba sentado en “la silla más caliente del gabinete de Fox” y le pidió su opinión sobre la industria petrolera. El aspirante al empleo, hablando un inglés de campesino pese a que estudió en Harvard, dijo, además de todo lo que ustedes ya han leído, que México “requiere de una reforma fiscal que le permita librar a Pemex de la tremenda carga impositiva que soporta”.

Hoy, esa reforma fiscal, diseñada por Agustín Carstens, es todo un hecho, pero Pemex no se libró de ninguna carga impositiva. Por lo tanto, Calderón propuso una “solución” que se llevó a la práctica y no sirvió absolutamente para nada. ¿Por qué habrían de funcionar entonces las medidas que desea aplicarle a Pemex para cumplir sus compromisos secretos con Igasamex, Saks y las petroleras anglosajonas?

En una sociedad democrática, una reforma como la que pretende la derecha (Manlio Fabio Beltrones incluido, a estas alturas no va a engañar a nadie con sus desplantes y sus alianzas con lo peor del hampa política), tendría que empezar por un debate a fondo, difundido por todos los medios y con la participación de todos los sectores, después de lo cual, como siguiente paso, debería efectuarse un plebiscito nacional, cuyo resultado determinaría, por último, la conducta de los legisladores en las cámaras. Esto, como todos sabemos, no es posible en México. Aquí no sólo no existe la figura del plebiscito sino que tampoco contamos con instituciones electorales confiables.

Aparte de perder el debate antes de iniciarlo, Calderón se quedó sin mano derecha para negociar nada, y al llegar a la ceremonia del 18 de marzo en compañía de Juan Camilo Mouriño y declamar asombrosamente que “quien viola la ley ofende al prócer”, convirtió el homenaje a Benito Juárez, como bien señala Joaquín Romo de Vivar desde Monterrey, “en un homenaje a Maximiliano que ofende a todo el país”.

Pero si la sociedad mexicana está preocupada por Pemex, y más activa que nunca (hay quienes ya no duermen porque se pasan la noche quemando cds para divulgar información contra el anuncio del tesorito), otros fiscalizan a Felipe Calderón y descubren, como Óscar A. García, del portal de la resistencia atsyber, que el 15 de septiembre pasado el gobierno espurio despilfarró 19 millones de pesos en el Zócalo.

De acuerdo con un reporte del IFAI, los gastos del Grito ascendieron a 18 millones 813 mil 743 pesos, que fueron repartidos así: 6 millones 207 mil pesos para “talento artístico” (?); 320 mil pesos para la conductora Mariana Seoane (que estuvo imitando a Gabriela Cuevas), 2 millones 282 mil pesos para la banda El Recodo y 2 millones 800 mil pesos para K-Paz de La Sierra (cuyo vocalista fue asesinado por el narcotráfico tiempo después). ¿Este es el gobierno que merecen los mexicanos?

jueves, febrero 14, 2008

LA PROTESTA ES UN DERECHO, LA REPRESIÓN UN DELITO

De la Secretaría Ejecutiva de la RED-TDT


CAMPAÑA CONTRA LA CRIMINALIZACIÓN
DE LA PROTESTA SOCIAL



Violencia Estructural en México

En México vivimos una lacerante violencia estructural ejercida por las instituciones y el sistema social. La violencia estructural es aquella que en la que se manifiesta tanto la desigualdad como la represión. Es, además, una violencia legalizada que se corresponde con las injusticias estructurales: económicas, sociales, por discriminación sexual y racial, de desigualdad de oportunidades, de marginación, de hambre y de pobreza, y de violación a derechos humanos. Es estructural porque al reproducir las estructuras sociales injustas y sus conflictos, reproduce la desigualdad del orden social institucional y legal existente.

La pobreza constituye una violación generalizada a los derechos humanos, en particular de los derechos sociales básicos. Según cifras conservadoras, en México el 42% de la población vive en la pobreza, y casi el 14% vive en pobreza extrema. Según el propio Banco Mundial la pobreza en México es del 50%. Esta violación generalizada se torna más escandalosa si consideramos que Carlos Slim, el hombre más rico del mundo, concentra casi el 8% del PIB en México y que las 38 familias más ricas de México concentran el 14.4% del PIB mientras que el 10% (más de 10 millones) más pobre recibe el 1.6% del PIB y el 60% de la población más pobre (más de 60 millones de personas) concentra tan sólo el 27.6%.del PIB. Según el PNUD, si se transfiriera tan sólo el 5% del ingreso del 20% más rico de la población en México a los más pobres, aproximadamente saldrían de la pobreza 12 millones de mexicanas y mexicanos.

Esta indignante desigualdad que se vive en México, no sólo es económica, sino que se refleja en el goce y disfrute de todos los derechos humanos. Como señala Amnistía Internacional en México existen leyes sin justicia. A los más pobres se les niegan, además de sus derechos sociales, sus derechos civiles básicos: no tienen protección contra la violencia policial y varias formas de violencia privada; se les niega el acceso igualitario a las instituciones del Estado y los juzgados; sus domicilios pueden ser invadidos arbitrariamente; y, en general, están forzados a vivir una vida no sólo de pobreza sino también de humillación recurrente y miedo a la violencia, muchas veces perpetrada por las fuerzas de seguridad que supuestamente deberían protegerlos. Este sector de la población no solo son materialmente pobres, sino también legalmente pobres. Los penales en México no están habitados en general por los delincuentes más peligrosos, sino por los más pobres y en cambio es poco común que personas acaudaladas sean condenadas por los delitos que cometieron.

Esta violencia estructural se refleja también en los altos niveles de violencia y discriminación que existe en México contra las mujeres, contra las personas con preferencias sexuales diferentes, contra las y los niños y jóvenes contra los pueblos indígenas.

Asimismo, esta violencia estructural existente se ha ido ampliando mediante cambios legislativos que la profundizan y legalizan. Un ejemplo de lo anterior han sido las reformas a la ley del ISSSTE y del IMSS y la flexibilización laboral que reducen los derechos de los trabajadores; la reforma que se dio al artículo 27 Constitucional para eliminar la inalienabilidad de la tierra dejando a los campesinos desprotegidos; la propuesta de reforma a las normas de estaciones migratorias que tratan a los migrantes centroamericanos como delincuentes; la criminalización de los usos y costumbres de los Pueblos Indígenas; la restricción del derecho a huelga; etc.


LEGALIDAD, ESTADO DE DERECHO, DEMOCRACIA Y DERECHOS HUMANOS

Actualmente, los contenidos de los conceptos de Legalidad, Estado de Derecho, Democracia y Derechos Humanos están en disputa. Cuando el Gobierno mexicano habla de legalidad, estado de derecho y democracia, no está hablando de lo mismo que se entiende por estos conceptos desde los derechos humanos, sino que habla desde el autoritarismo.

La legalidad de la que habla Calderón es una ‘mera legalidad’, que consiste en la autorización legal para utilizar la violencia, sin una rígida vinculación a la ley misma. Una ‘mera legalidad’ que se vale de figuras delictivas dotadas de cierta elasticidad, no taxativas que dejan el campo libre a la arbitrariedad. Es decir, esta ‘mera legalidad’ se basa en el alto grado de indeterminación semántica que caracteriza a la mayor parte de los tipos delictivos y la discrecionalidad punitiva donde cuando se trata de sancionar la corrupción de funcionarios públicos de alto nivel se invoca la presunción de inocencia y la falta de pruebas quedando éstas siempre en la impunidad -tal es el caso de la impunidad que gozan Mario Marín, Gobernador de Puebla; Ulises Ruiz, Gobernador de Oaxaca; Jorge Hank Rhon en Tijuana; los dueños de la Compañía Minera México y de la Mina Pasta de Conchos; Rubén Figueroa, exgobernador de Guerrero; Luis Echeverría, ex Presidente de México; etc., etc., - y para sancionar la protesta social se invoca la aplicación de todo el peso de la ley, la legalidad, y el Estado de derecho, con pocas o ninguna pruebas y sin garantías de debido proceso para los acusados. Atenco es quizá uno de los ejemplos paradigmáticos donde los líderes del movimiento social fueron sentenciados a 67 años y los policías que violaron y agredieron sexualmente a 26 mujeres no fueron sancionados. Todo en nombre de la legalidad y el estado de derecho.

Así, el argumento que escuchamos una y otra vez por parte del Gobierno Federal y los gobiernos estatales cuando se detiene a líderes de movimientos o se reprime alguna manifestación, es que lo que se protege es el Estado de derecho, la legalidad, y la democracia. En dos ocasiones antes de tomar posesión, Calderón hizo idénticas declaraciones señalando: “jamás renunciaré a mi deber de cumplir y hacer cumplir la ley, con la fuerza de la democracia y el Estado de derecho”, una vez para referirse al tema de seguridad pública y la otra refiriéndose al conflicto en Oaxaca .

Sin embargo, la ‘estricta legalidad’ o imperio de la ley debe ser un universo ético, una exigencia ético-política, más allá del puro derecho positivo, no se refiere al derecho que es, sino al de debe ser. No se realiza, pues, en la mera legalidad.

Es así que el Estado de derecho es el imperio de la ley, pero no cualquier especie de imperio de la ley. También las dictaduras modernas y regimenes totalitarios, pueden alegar la legalidad: también se pueden legislar arbitrariedades: “Estas arbitrariedades legalizadas también son derecho (ilegítimo, injusto) y quien las aplica también es Estado (dictatorial, autoritario), pero no es un Estado de derecho”. Pinochet siempre utilizó el argumento de la defensa de la legalidad, el orden y la libertad cuando durante su dictadura modificando la Constitución para que sus actos represivos fueran ‘legales’.

Lo que en definitiva diferencia de manera radical y substancial al Estado de derecho, es su concepción del imperio de la ley como expresión de la voluntad popular. El concepto de imperio de la ley se comprende y se fundamenta en los derechos fundamentales, que constituyen el núcleo de su misma coherencia interna y también su justa legitimidad. Los derechos humanos – civiles, políticos, económicos, sociales y culturales – constituyen la razón de ser del Estado de Derecho.

Aún más, el Estado de derecho es una noción sustantiva que demanda ciertos resultados sociales o económicos. No es la obediencia ciega a la ley, sino que implica además la protección y garantía de los derechos fundamentales. Esta protección y garantía de los derechos fundamentales es lo que permite que la ley pueda ser construida mediante un proceso participativo y deliberativo.

En México no se puede hablar de que exista una protección y garantía de los derechos humanos de la población que vive en pobreza. Además con una impunidad del 98% en el país, de ninguna manera se puede considerar que ni siquiera exista una ‘mera legalidad’.

Por otro lado, cuando el gobierno habla de Democracia, se refiere a los resultados electorales avalados por las instituciones electorales, se habla de una democracia meramente procedimental y formal, que se relaciona con un Estado de derecho lato o débil.

Desde los derechos humanos una Democracia es una democracia sustantiva, en la que las normas sustanciales sancionan, a través de los derechos fundamentales, los fines del ordenamiento. En una Democracia constitucional como la que presume tener México, ésta debe ser entendida como aquélla democracia que garantiza todos los derechos, no solo los derechos de libertad sino también los derechos sociales; y que al mismo tiempo los garantiza frente a todos los poderes, no sólo frente a los poderes públicos, sino también frente a los poderes privados, no sólo del Estado, sino también del mercado y en todos los niveles, no sólo el federal, sino también el estatal y municipal y el internacional.

Entre los elementos esenciales de la democracia están, por tanto, la satisfacción de las necesidades humanas básicas (alimentación, vivienda, vestido, educación, trabajo). En una sociedad democrática, el orden jurídico sólo se realiza y justifica con la observancia y garantía de los derechos humanos. La protección de estos es un propósito básico del orden jurídico. A su vez, el ejercicio efectivo de la democracia contribuye decisivamente para la observancia y garantía de los derechos humanos, y la plena vigencia de estos caracteriza, en última instancia, al Estado de Derecho.

El ejercicio efectivo de la democracia requiere como presupuesto el ejercicio pleno de los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos. En una Democracia Constitucional, la pobreza extrema es ilegal ya que las condiciones de legitimidad del Estado, es decir las condiciones para que un Estado merezca nuestra obediencia, no se alcanzan allí donde el Estado niega a millones de personas, a través de un orden institucional inequitativo, los recursos mínimos para una vida digna. En resumidas cuentas, no hay democracia sin derechos humanos, tomados estos en su conjunto (derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales) y la plena vigencia de los derechos humanos es lo que caracteriza al Estado de derecho y la legalidad.

En México, en cambio, se aplica un derecho que – como señala Gargarella – acostumbra hacer lo que no debe: “maltrata a quienes debe cuidar, persigue a quienes debe proteger, ignora a quienes debe mayor atención, y sirve a quienes debe controlar” . Es decir, opera un derecho mafioso, donde se aplica la ley de forma discriminatoria, particularmente contra los pobres y quienes se enfrentan al Estado, por lo que no podemos hablar de la existencia de Legalidad, Estado de Derecho o Democracia; cuando el gobierno aduce a estos conceptos - legalidad y Estado de derecho - está hablando de represión y violencia institucionalizada. La criminalización de los movimientos y protestas sociales en México, muestran cuán lejos estamos de la democracia. La CIDH ha señalado que la criminalización de la legítima movilización y protesta social, sea a través de represión directa a los manifestantes, o a través de investigación y proceso criminal, es incompatible con una sociedad democrática donde las personas tienen el derecho de manifestar su opinión.

Por otro lado, el Estado mexicano es un Estado burocráticamente ineficiente y económicamente colonizado por parte de los intereses privados, que no puede cumplir con su dimensión de legalidad. La legalidad que ofrece no sólo descuida la efectivización de muchos derechos de la población en general, sino que manifiesta sus sesgos a favor de los mismos intereses que colonizan al Estado en su faceta de aparato burocrático. En consecuencia no es capaz de actuar como filtro y moderador de las desigualdades sociales. Es también un Estado casi completamente sordo a las demandas de equidad y reconocimiento que surgen del sector popular y al contrario, es reproductor activo de las desigualdades existentes, así como también un facilitador, y no un control, de las más devastadoras consecuencias de la globalización.


LA PROTESTA COMO DERECHO Y COMO EJERCICIO DE DEFENSA DE DERECHOSÇ

El reconocimiento de los derechos humanos es fruto de luchas populares de muchos años en diferentes contextos históricos y sociopolíticos, a través de movimientos y organizaciones sociales. Estos logros se han dado a través de revoluciones y luchas armadas, pero también a través de numerosos métodos de protesta que han permitido visibilizar las condiciones de opresión, pobreza, marginación y discriminación en que vive una parte importante de la sociedad.
Así la protesta es una de las formas de Garantía de los derechos. Es una garantía extrainstitucional o social de los derechos. Es decir, la protesta es un instrumento de defensa o tutela de los derechos que depende directamente de sus titulares. El ejercicio de ciertos derechos civiles y políticos funcionan como garantía por lo menos de expresión de forma de descontento y denuncias en el espacio público respecto al incumplimiento de los derechos. Entre estos derechos, vinculados con el derecho a la protesta y que funcionan como garantías tenemos:

• Libertad de Expresión
• Libertad de Manifestación
• Libertad de Asociación
• Libertad de formar partidos políticos
• Derecho a acceso a la información


El derecho a la protesta es lo que se conoce como Autotutela de derechos. Son formas de acción en las que los propios titulares emplean vías directas para reclamar o defender un derecho. La Autotutela es un derecho civil clásico. El ejemplo más clásico es el derecho a Huelga (el derecho a afectarle al patrón la producción). La historia de los derechos sociales, en gran medida es la historia del empleo de formas de autotutela de derechos y de su posterior reconocimiento. Las acciones de autotutela surgen cuando no existen canales institucionales para resolver los problemas, o éstos canales se han agotado, o cuando los reclamos son ignorados por las instituciones públicas o cuando la gravedad de la violación es enorme.

Las extendidas violaciones a los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales en México, son una forma de violencia estructural. Frente a esta violencia, han surgido a través de los años numerosos movimientos sociales que mediante diferentes formas de lucha han intentado hacer frente a esta violencia estatal.

La protesta social es la expresión del descontento ciudadano frente a decisiones en las que no han estado involucrados y/o que les desfavorecen o perjudican. En México, desde hace muchos años la protesta social ha sido uno de los medios para exigir el cumplimiento de los derechos humanos y, en muchos casos, se ha convertido en la única vía de reclamo de derechos para los menos privilegiados, y quienes son discriminados.

La propia CIDH ha reconocido que “los sectores más empobrecidos de nuestro hemisferio confrontan políticas y acciones discriminatorias, su acceso a información sobre la planificación y ejecución de medidas que afectan sus vidas diarias es incipiente y en general los canales tradicionales de participación para hacer públicas sus denuncias se ven muchas veces cercenados. Ante este escenario, en muchos países del hemisferio, la protesta y movilización social se han constituido como herramientas de petición a la autoridad pública y también como canales de denuncias públicas sobre abusos o violaciones a los derechos humanos”.

Frente al retroceso en el goce de los derechos sociales, el aumento de la inequidad en la concentración de la riqueza y la profundización de la exclusión social, se han generado protestas y movilizaciones sociales en diferentes partes del país. La lucha por el derecho a la tierra, el derecho al medio ambiente sano, las manifestaciones contra reformas económicas y las protestas contra la flexibilización laboral, entre muchas otras, han llevado a miles de defensoras y defensores, líderes estudiantiles, sociales y rurales a organizarse con el fin de luchar por la efectividad de sus derechos.

Ante estas protestas los medios de comunicación y empresarios, entre otros, piden la aplicación de todo el peso de la ley y el respeto a los ‘derechos’ de terceros. Se habla, por ejemplo, de confinar las marchas a lugares donde no afecten la circulación vehicular. Sin embargo, hay que tener en cuenta que las marchas, plantones y cierres de calles son acciones de desafío a los poderes públicos como forma de llamar la atención de la sociedad sobre la existencia de injusticias profundas y de exigir políticas públicas correctivas, es decir, poner a la discusión pública los problemas que se viven en diferentes lugares del país.

La CIDH ha señalado que “las restricciones al ejercicio del derecho de reunión y libertad de asociación son graves obstáculos a la posibilidad que tienen las personas de reivindicar sus derechos, dar a conocer sus peticiones y promover la búsqueda de cambios o soluciones a los problemas que les afectan”.

La CIDH ha considerado que “en una sociedad democrática el espacio urbano no es sólo un ámbito de circulación, sino también un espacio de participación”. Asimismo, la Comisión se ha referido a que la detención de participantes en manifestaciones pacíficas atenta contra la libertad de reunión.

Por su parte la Corte Europea de Derechos Humanos ha establecido que “Una manifestación puede causar molestias u ofender a aquellas personas que se oponen a las ideas o reclamos que la manifestación intenta promover. Sin embargo, los manifestantes deben poder manifestarse sin tener miedo a sufrir violencia física por parte de sus opositores; dicho miedo podría disuadir a asociaciones o grupos de personas que tienen ideas o intereses en común para que no expresen sus opiniones sobre cuestiones sumamente controvertidas que afectan a la comunidad. En una democracia el derecho de oponerse a una manifestación no puede extenderse hasta el punto de inhibir el ejercicio del derecho a manifestarse”.

Asimismo, la CIDH ha señalado que “Las obligaciones estatales en cuanto a la protección y garantía del derecho de reunión, incluyen acciones que de no ser previstas, obstaculizan la labor de defensa de los derechos humanos. Así, los Estados están obligados a asegurar que ninguna defensora o defensor sea impedido de reunirse y manifestarse públicamente, lo cual comprende tanto que las autoridades estatales deben abstenerse de impedir el ejercicio de este derecho, como la provisión de medidas para evitar que terceros lo impidan. Los Estados, además, deben proveer las medidas administrativas y de policía necesarias para que las defensoras y defensores puedan desarrollar su actividad, lo cual implica medidas positivas como la desviación del tráfico y la protección policial de las manifestaciones y concentraciones, en caso de ser necesario”.



POLÍTICA DE REPRESIÓN Y CRIMINALIZACIÓN DE LA PROTESTA SOCIAL

La política de represión y criminalización de la protesta social implica acciones represivas policiacas que nunca son investigadas y sancionadas, y al mismo tiempo implica hacer legal la injusticia y utilizar la ley para sancionar a quienes se enfrentan al Estado en la lucha por sus derechos.

Durante la era del PRI, los movimientos y protestas sociales fueron frecuentemente reprimidas, como es el caso del 68, el 71 y la represión que se dio durante los años 70 y 80 contra grupos de oposición armada y sospechosos de pertenecer a estos grupos, en los años 90’s encontramos los casos de Aguas Blancas, El Charco y El Bosque, entre otros.

Actualmente, a pesar de la alternancia en el poder en el año 2000 y el fin de la era del PRI como la conocíamos, se siguen dando casos graves de represión contra los movimientos y la protesta social. En el sexenio de Fox, particularmente desde 2004, ocurrieron graves casos de represión como lo fue el caso de los alter mundistas en Guadalajara en 2004 y los casos de Atenco, en el Estado de México y Oaxaca en 2006. Calderón ha continuado e incrementado esta política represiva, la cual tiende a institucionalizarse, por ejemplo, a través del incremento de la militarización y de la propuesta de reforma a la seguridad pública, propuesta por Calderón y aprobada inicialmente por el congreso, que da lugar a un estado policial.

Un Estado represor utiliza, entre otras, las siguientes formas de respuesta ante la protesta social:

• Renuncia al diálogo. Se cierran los espacios de diálogo. Se ignoran las demandas. Se posponen las respuestas. Se crecen los conflictos.

• Represión policial (con policía pública o privada). Se aplica la represi
ón directa mediante la utilización de la violencia física en sus diferentes formas contra los movimientos y protestas sociales: uso desproporcional de la fuerza, secuestro express (la policía detiene, tortura y libera sin poner a disposición de la autoridad), abusos sexuales contra de las mujeres, uso de gases lacrimógenos, amenazas, vigilancia, torturas, cateos ilegales, censura, restricciones para publicar, restricciones para realizar asambleas, reuniones o marchas, etc. Todo esto seguido de la consecuente impunidad para los represores.

• Descalificación. Quienes se manifiestan y protestan son señalados como delincuentes, desestabilizadores y acusados de violar derechos de terceros por la autoridad, los partidos políticos, los poderes privados, etc.

• Militarización de la vida civil. Se militariza la vida civil para que sea el Ejército quien enfrente a la protesta y el descontento social. Esta militarización se da por diversas formas:

o Transferencia de soldados a los cuerpos policíacos, que después serán encargados de reprimir las manifestaciones.
o Designación de Militares en los altos puestos de las instituciones encargadas de la procuración de justicia.
o Participación directa del Ejército en acciones de combate a la delincuencia.
o Instalación de retenes militares con el pretexto del combate al narcotráfico.
o Militarización de comunidades indígenas y de alta marginación mediante la instalación de campamentos militares.


Criminalización de la protesta social. Esta es la judicialización de los conflictos sociales y la renuncia al diálogo y la política. Se lleva el conflicto a la arena judicial y se encarcela y somete a proceso penal a los líderes o participantes de los movimientos y las protestas sociales, quienes entonces deben concentrar sus energías en defenderse de dichas acusaciones. Se trata de la aplicación de una política de criminalización de la protesta social como forma de control del descontento social, empleando cada vez más la legislación penal para enfrentar la protesta social y sus manifestaciones. Las diferentes formas en las que esta Criminalización se manifiesta son:

o Detenciones Arbitrarias y otras violaciones al debido proceso. Se efectúan numerosas detenciones arbitrarias, utilizando la Flagrancia como recurso para detener sin orden judicial a líderes de los movimientos sociales y otros manifestantes; se les impide el acceso a sus expedientes, se alargan injustificadamente los procesos, etc.
o Equiparación de luchadores sociales con delincuentes. Se tacha a los movimientos sociales y a sus protestas como elementos desestabilizadores que atentan contra la seguridad nacional, señalando que no se tolerarán desafíos a la autoridad del Estado. Se les fabrican delitos (pueden ser delitos comunes como robo o portación de arma). Se encarcela a los líderes en centros de alta seguridad como si fueran peligrosos criminales.
o Agravamiento de las acusaciones. Imputación de delitos políticos o contra la seguridad nacional, que son delitos graves, para poder sancionar judicialmente las protestas sociales. Se imponen fianzas que no se pueden cubrir para tenerlos encarcelados mientras se determina su situación jurídica y tener control sobre la negociación. Desde el aparato de justicia al aplicar la ley se adaptan las figuras delictivas para que se puedan aplicar a los actos que se desean penalizar como la equiparación de la retención de funcionarios con el secuestro , teniendo como consecuencia una desproporcionalidad de las penas y la imposibilidad de seguir su proceso en libertad.
o Ilegalización de la protesta social. Se legislan nuevos delitos de una forma tan ambigua que puedan ser utilizados contra los movimientos sociales, como el delito de Terrorismo que se aprobó este año y que señala “se impondrá pena de prisión de seis a cuarenta años y hasta mil doscientos días multa, sin perjuicio de las penas que corresponden por los delitos que resulten, al que utilizando sustancias tóxicas, armas químicas, biológicas o similares, material radioactivo o instrumentos que emitan radiaciones, explosivos o armas de fuego, o por incendio, inundación o cualquier otro medio violento, realice actos en contra de las personas, las cosas o servicios públicos, que produzcan alarma, temor o terror en la población o en un grupo o sector de ella, para atentar contra la seguridad nacional o presionar a la autoridad para que tome una determinación”.
o Falta de debido proceso penal. Quienes protestan y son detenidos y sometidos a un proceso penal, por lo general, no tienen un debido proceso penal. Se les obstruye el acceso a un abogado, no se les deja conocer el expediente, la carga de la prueba recae en ellos, etc.


LA DEMOCRACIA Y LA PROTESTA SOCIAL

Tenemos así que cuando las personas se organizan, denuncian injusticias y exigen sus derechos, son tratados como delincuentes, y al mismo tiempo, se realizan reformas legales que ilegalizan la protesta social, violando sus derechos a la vida, la integridad física, la libertad de expresión, reunión y asociación, entre otros. Todo esto se hace en nombre de la Legalidad, el Estado de Derecho y la Democracia.

Como se mencionó anteriormente para la CIDH en una sociedad democrática el espacio urbano no es sólo un ámbito de circulación, sino un espacio de participación. Así, Gargarella señala que “el derecho a la libertad de expresión no es un derecho más sino, en todo caso, uno de los primeros y más importantes fundamentos de toda la estructura democrática”. Asimismo recuerda que la doctrina sobre el “foro público” considera justamente a las calles como lugares especialmente privilegiados para la expresión pública.

Como el mismo Gargarella señala “La mayoría de las expresiones públicas de la ciudadanía acarrean costos y molestias para terceros que, sin embargo, y en principio, deben tolerarse en honor a la libertad de expresión” siendo este derecho parte fundamental de la democracia.

Es necesario reconocer, por tanto, que la protesta social en sus diferentes manifestaciones no solamente constituyen el ejercicio de derechos y una forma de luchar por los mismos, sino que también son un aporte a la calidad democrática. Son un llamado de atención sobre las injusticias estructurales con las que de otro modo quienes ostentan el poder político y económico, y una buena parte de la sociedad estarían dispuestos a convivir como parte del paisaje social. Los pocos avances que se han logrado en México en materia de derechos humanos han sido resultado de estos movimientos y luchas sociales.

En las condiciones sociales que se viven en México que hemos mencionado anteriormente, la protesta social, constituye una demanda concreta de ciudadanía. Como lo señala Gargarela: “El derecho a protestar aparece así, en un sentido importante al menos, como el primer derecho: el derecho a exigir la recuperación de los demás derechos”.

Fernández Herrería, A. (1995). Diseño e integración de programas de educación para la paz en el currículum escolar. Ponencia en las Primeras Jornadas de Educación para la Diversidad. Granada: Ediciones Osuna, pp. 95-136. Citado en: “Globalización, Violencia Estructural y Pobreza”, Martínez Rodríguez, Francisco Miguel; Gabriel Carmona Orantes. Universidad de Granada. V CONGRESO INTERNACIONAL: La Educación: Retos del Siglo XXI, "EDUCACIÓN Y SOCIEDAD" Granada 2006, 30 nov, 1 y 2 de dic. http://congreso.codoli.org/area_1/Martinez-Rodriguez.pdf
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Ídem. p. 72
Ídem. P. 63
Ferrajolli, Luigi. 2002. “Juspositivismo crítico y democracia constitucional”, ISONOMÍA, No. 16, ITAM. Fontamara, México. p. 13
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Cançado Trindade, Augusto Antonio. “Democracia y Derechos Humanos: el régimen emergente de la promoción internacional de la democracia y del Estado de derecho” en La Corte Interamericana de Derechos Humanos. La Corte y el Sistema Interamericanos de Derechos Humanos. Rafael Nieto Navia, ed. Corte IDH. San José, Costa. 1994 p. 528
Alegre, Marcelo. “Protestas sociales: ¿violación o reivindicación del derecho? En El derecho a resistir el derecho. Roberto Gargarela. Miño y Dávila eds. Nov. 2005, p.
Cançado, op. cit. p. 532
Gargarella, Roberto. 2005. “El derecho a la protesta, el primer derecho”. AD HOC. Buenos Aires, p. 19
O’Donnell, op. cit. p. 48
OEA-CIDH op. cit., párr. 217
O’Donnell, op. cit. p. 113
Gerardo Pisarello, “Los derechos sociales y sus garantías: por una reconstrucción democrática, participativa y multinivel”, en Gerardo Pisarello, Los derechos sociales y sus garantías. Elementos para una reconstrucción, Trotta, Madrid, 2007, p. 123
Courtis, Christian. 2006. Memoria del Seminario sobre Estrategias de Exigibilidad de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales realizado del 13 al 15 de Noviembre de 2006. Documento interno. RedTDT
OEA-CIDH. Informe sobre la situación de las defensoras y defensores de los derechos humanos de las américas, OEA/Ser.L/V/II.124, 7 de marzo de 2006, p. 215
OEA-CIDH, op. cit. párr. 215
Alegre, op. cit. p. 74
OEA-CIDH, op. cit.. párr. 51
Ídem. Párr. 56
Corte EDH, Caso Plattform “Arzte fur das Leben” c. Austria, Sentencia del 21 de junio de 1988, Serie A. No. 139, párr. 132. Citado en OEA-CIDH, op.cit. párr. 54
OEA-CIDH, op.cit. párr. 54
Rodríguez, Esteban. “El derecho a la protesta, la criminalización y la violencia institucional”. Ensayo. TeritorioDigital.com. 10 de junio de 2007. Disponible en: http://www.territoriodigital.com/nota.aspx?c=4236725030446172
Periódico La Jornada. “No toleraremos desafíos al Estado, advierte Calderón”, Jesús Aranda, Claudia Herrera, Misael Habana Enviados, Corresponsal. 20 enero 2007.
La sentencia a 67 años de prisión a los líderes de Atenco por la retención de funcionarios en febrero de 2006, equiparándolo con secuestro es una muestra de lo anterior.
OEA-CIDH. op. cit. párr. 216
Gargarella, 2005. op. cit. p. 26
Gargarella, 2005. op. cit. p. 27
Gargarella, 2005. op. cit. p. 28
Alegre, op. cit. p. 74
Gargarella, 2005. op. cit. p. 19

miércoles, enero 02, 2008

Parchan viviendas en espera del frío

Gráfica Grupo Reforma
Parchan viviendas en espera del frío

Gregorio Hernández y su familia pasaron el día junto a un fogón en el interior de su tejabán en la Colonia Alianza Real.

Pasan habitantes de zonas marginadas primer día del año tapando rendijas

José Rosario Villasáez/ El Norte

Monterrey, México (2 enero 2008).- El 2008 llegó con el frío de la mano, lo que obligó a familias de escasos recursos a reforzar ayer sus viviendas con cartones, láminas y plásticos, y a buscar el calor de las fogatas.

Mientras que los pocos regiomontanos que se animaron a salir a las calles lo hicieron bien abrigados, habitantes de colonias marginadas de García y Escobedo se la pasaron tapando huecos en sus casas por el descenso en la temperatura.

En el sector conocido como Renacimiento, en García, donde habitan decenas de familias reubicadas del Arroyo El Obispo, los vecinos tuvieron que hacer pegotes a sus viviendas para evitar que se colara el aire frío.

Manuela Zapata Castillo, de 45 años, tuvo que conseguir varias cajas de cartón para poder reforzar el lugar donde habita, conformado principalmente por madera y láminas.

Su nieto Ángel Antonio le ayudó a clavar el material para tapar los hoyos de la pequeña vivienda, mientras que ella aprovechó para lavar ropa, ya que sabe que está pronosticado más frío para hoy.

"Aquí hace mucho frío, el aire es más helado que allá en el Centro (de Monterrey). Si allá están diciendo que están a 4 ó 5 grados, pues aquí estamos a 2 ó 3", expresó Zapata.

En los márgenes del Río Pesquería, también en García, algunas familias también se la pasaron buena parte del día reforzando las viviendas con plásticos, cartones y lonas.

En Escobedo, al hogar de la familia de Gregorio Hernández, en la Colonia Alianza Real, no llega la modernidad, ya que él, su esposa y sus cincos hijos mitigaron el frío con hogueras de leña y tarimas de madera.

Su casa de techo y paredes de lámina, con piso de tierra, albergó un enorme fogón.

"Sabemos que viene la temporada del frío, pero no podemos ir a los albergues del Municipio porque podríamos perder lo poco que tenemos, ya que hay muchos rateros", dijo Hernández.

El frío que se sintió ayer, y que se pronostica seguirá hasta por lo menos hasta mañana, forma parte del frente número 18 que entró al área metropolitana justo con la llegada del Año Nuevo.

Pese al descenso en la temperatura, varios pedigüeños se observaron en las calles del Centro de Monterrey, mientras que algunos indigentes tuvieron que recurrir a las fogatas y a las cobijas para combatir el clima gélido.

lunes, octubre 08, 2007

Ernesto Che Guevara, Bolivia, 8 de Octubre

Carta abierta de Frei Betto al Che


"Algunos de nosotros , Che, abandonamos el amor a los pobres, que hoy se multiplican en la patria latinoamericana y en el mundo. Dejamos de guiarnos por grandes sentimientos de amor, para ser absorbidos por estériles disputas partidarias, y a veces, hacemos de amigos enemigos, y de los verdaderos enemigos aliados. Minados por la vanidad y por la disputa de espacios políticos, ya no traemos el corazón calentado por ideales de justicia. Quedamos sordos a los clamores del pueblo, perdimos la humildad del trabajo de base y ahora, cambiamos utopías por votos".








El Che en Bolivia

1967. OCTUBRE 1


Este primer día del mes pasó sin novedad. Al amanecer llegamos a un bosquecillo ralo donde hicimos campamento situando postas en los diferentes puntos de aproximación. Los 40 hombres se alejaron por un cañón que pensábamos tomar disparando algunos tiros. A las 14 se escucharon los últimos disparos; en las casitas no parece haber nadie, aunque Urbano vio bajar 5 soldados que no siguieron por ningún camino. Decidí permanecer un día más aquí, pues el lugar está bueno y tiene retirada garantizada, dado que se dominan casi todos los movimientos de la tropa enemiga. Pacho, con Ñato, Darío y Eustaquio fueron a buscar agua y retornaron a las 21. Chapaco cocinó frituras y se dio un poco de charqui con lo que el hambre no se hace sentir.
No hubieron noticias.

OCTUBRE 2

Antonio

El día transcurrió sin la menor huella de soldados pero unos chivitos conducidos por perros pastores pasaron por nuestras posiciones y los animales ladraron. Decidimos tratar de pasar por al lado de uno de los chacos que está más cerca del cañón e iniciamos el descenso a las 18, con tiempo para llegar cómodos y cocinar antes del cruce, sólo que el Ñato se perdió y se obcecó en seguir. Cuando decidimos regresar nos perdimos e hicimos noche en el alto sin poder cocinar y con mucha sed. La radio nos trajo la explicación del despliegue de los soldados el día 30, según noticias difundidas por la Cruz del Sur, el Ejército comunicó haber tenido un encuentro en abra del Quiñol con un pequeño grupo nuestro, sin que hubieran bajas de ambas partes, aunque dicen haber encontrado huellas de sangre en nuestra huida.
El grupo era de 6 individuos, según el mismo parte.

OCTUBRE 3

Día largo e innecesariamente intenso: al movilizarnos para llegar a nuestro campamento base, llegó Urbano con la noticia de que había oído comentar a unos campesinos que pasaban: “ésos son los que hablaban anoche”, mientras nosotros estábamos en camino. A todas luces, el informe lucía inexacto, pero decidí hacer como si fuera perfectamente real y, sin mitigar la sed, subimos nuevamente a un firme que domina el camino de los soldados. El resto del día permaneció en absoluta calma y al anochecer bajamos todos e hicimos café, que supo a gloria a pesar del agua amarga y la manteca de la olla en que se hizo. Luego hicimos harina para comer allí y arroz con carne de anta para llevar. A las 3 emprendimos la marcha, previa exploración y sorteamos con toda felicidad el chaco, cayendo a la cañada elegida, la que no tiene agua y sí huellas de haber sido explorada por los soldados.
La radio trajo la noticia de dos prisioneros: Antonio Domínguez Flores (León) y Orlando Jiménez Bazán (Camba), éste reconoce haber luchado contra el Ejército; aquél dice haberse entregado confiado en la palabra presidencial. Ambos dan abundantes noticias de Fernando, su enfermedad y todo lo demás, sin contar lo que habrán hablado y no se publica. Así acaba la historia de dos heroicos guerrilleros.
h-1,360 ms.
Se escuchó una entrevista de Debray, muy valiente frente a un estudiante provocador.



OCTUBRE 4

Luego de descansar en la quebrada, la seguimos una media hora hacia abajo, hasta encontrar otra que se le unía, por la que subimos, descansando hasta las 15 para huir del sol. A esa hora reiniciamos la marcha, algo más de media hora; allí estaban los exploradores que habían llegado al final de los cañoncitos sin encontrar agua. A las 18 abandonamos la quebrada y seguimos por un camino de ganado hasta las 19.30, hora en que no se veía nada y paramos hasta las 3.
La radio dio la noticia del cambio de puesto de avanzada del Estado Mayor de la 4<^>a división de Lagunillas a Padilla, para atender mejor la zona de Serrano donde se presume que pueden tratar de huir los guerrilleros y el comentario de que si me capturan fuerzas de la 4<^>a me juzgarán en Camiri y si lo hacen los de la 8<^>a., en Santa Cruz.
h-1,650 ms.



OCTUBRE 5

Al reiniciar la marcha caminamos con dificultad hasta las 5.15 hs., momento en que dejamos un trillo de ganado y nos internamos en un bosquecillo ralo pero lo suficientemente alto como para ponernos a cubierto de miradas indiscretas. Benigno y Pacho hicieron varias exploraciones buscando agua y vadearon completamente la casa cercana sin encontrarla, probablemente sea un pocito al lado. Al acabar la exploración vieron llegar 6 soldados a la casa, al parecer de camino. Salimos al anochecer con la gente agotada por la falta de agua y Eustaquio dando espectáculo y llorando la falta de un buche de agua. Tras un camino muy malo y muy jalonado de paradas, llegamos por la madrugada a un bosquecillo donde se oía el ladrido de los perros cercanos. Se ve un firme alto y pelado muy cerca.
Curamos a Benigno que tiene un poco supurada la herida y le apliqué una inyección al Médico. De resultas de la cura, Benigno se quejó de dolor por la noche.
La radio informó que nuestros dos cambas fueron trasladados a Camiri para servir de testigos en el juicio de Debray.
h-2,000 ms.

OCTUBRE 6

Las exploraciones demostraron que teníamos una casa muy cerca pero también que, en una quebrada más lejana, había agua. Hacia allí nos dirigimos y cocinamos todo el día bajo una gran laja que servía de techo, a pesar que yo no pasé el día tranquilo, pues nos aproximamos a pleno sol por lugares algo poblados y quedamos en un hoyo. Como la comida se retrasó, decidimos salir por la madrugada hasta un afluente cercano a este arroyito y de allí hacer una exploración más exhaustiva para determinar el rumbo futuro.
La Cruz del Sur informó de una entrevista a los Cambas, Orlando fue un poco menos bellaco. La radio chilena informó de una noticia censurada que indica que hay 1,800 hombres en la zona buscándonos.
h-1,750 ms.



OCTUBRE 7

Se cumplieron los 11 meses de nuestra inauguración guerrillera sin complicaciones, bucólicamente; hasta las 12.30 hora en que una vieja, pastoreando sus chivas entró en el cañón en que habíamos acampado y hubo que apresarla. La mujer no ha dado ninguna noticia fidedigna sobre los soldados, contestando a todo que no sabe, que hace tiempo que no va por allí. Sólo dio información sobre los caminos; de resultados del informe de la vieja se desprende que estamos aproximadamente a una legua de Higueras y otra de Jagüey y unas 2 de Pucará. A las 17.30, Inti, Aniceto y Pablito fueron a casa de la vieja que tiene una hija postrada y una medio enana; se le dieron 50 pesos con el encargo de que no fuera a hablar ni una palabra, pero con pocas esperanzas de que cumpla a pesar de sus promesas.
Salimos los 17 con una luna muy pequeña y la marcha fue muy fatigosa y dejando mucho rastro por el cañón donde estábamos, que no tiene casas cerca, pero sí sembradíos de papa regados por acequias del mismo arroyo. A las 2 paramos a descansar, pues ya era inútil seguir avanzando. El Chino se convierte en una verdadera carga cuando hay que caminar de noche.
El Ejército dio una rara información sobre la presencia de 250 hombres en Serrano para impedir el paso de los cercados en número de 37 dando la zona de nuestro refugio entre el río Acero y el Oro.
La noticia parece diversionista.
h-2,000 ms.



Al Pueblo Boliviano

Comunicado n° 1

Frente a la mentira reaccionaria, la verdad revolucionaria

El grupo de gorilas usurpadores, tras asesinar a obreros y preparar el terreno para la entrega total de nuestras riquezas al imperialismo norteamericano, se burló del pueblo en una farsa comicial. Cuando llega la hora de la verdad y el pueblo se alza en armas, respondiendo a la usurpación armada con la lucha armada, pretende seguir su torneo de mentiras.

En la madrugada del 23/3, fuerzas de la 4ª división, con acantonamiento en Camiri, en número aproximado de 35 hombres al mando del mayor Hernán Plata Ríos se internaron en territorio guerrillero por el cauce del río Ñacaguaso. El grupo íntegro cayó en una emboscada tendida por nuestras fuerzas. Como resultado de la acción, quedaron en nuestro poder 25 armas de todo tipo, incluyendo 3 morteros de 60 mm. con su dotación de obuses, abundante parque y equipo. Las bajas enemigas fueron: 7 muertos, entre ellos un teniente, y 14 prisioneros, 5 de los cuales resultaron heridos en el choque, siendo atendidos por nuestro servicio sanitario con la mayor eficiencia que permiten nuestros medios.

Todos los prisioneros fueron puestos en libertad previa explicación de los ideales de nuestro movimiento.

La lista de bajas enemigas es la siguiente:

Muertos: Pedro Romero, Rubén Amenazaga, Juan Alvarado, Cecilio Márquez, Amador Almasán, Santiago Gallardo y el delator y guía del Ejército, apellidado Vargas.

Prisioneros: Mayor Hernán Plata Ríos, cap. Eugenio Silva, soldados Edgar Torrico Panoso, Lido Machicado Toledo, Gabriel Durán Escobar, Armando Martínez Sánchez, Felipe Bravo Siles, Juan Ramón Martínez, Leoncio Espinosa Posada, Miguel Rivero, Eleuterio Sánchez, Adalberto Martínez, Eduardo Rivera y Guido Terceros. Los cinco últimamente nombrados resultaron heridos.

Al hacer pública la primera acción de guerra establecemos lo que será norma de nuestro Ejército: la verdad revolucionaria. Nuestros hechos demostraron la justeza de nuestras palabras. Lamentamos la sangre inocente derramada por los soldados caídos, pero con morteros y ametralladoras no se hacen pacíficos viaductos como afirman los fantoches de uniformes galonados, pretendiendo crearnos la leyenda de vulgares asesinos. Tampoco hubo ni habrá un solo campesino que pueda quejarse de nuestro trato y de la forma de obtener abastecimiento salvo los que, traicionando su clase, se presten a servir de guías o delatores.

Están abiertas las hostilidades. En comunicados futuros fijaremos nítidamente nuestra posición revolucionaria, hoy hacemos un llamado a obreros, campesinos, intelectuales; a todos los que sientan que ha llegado la hora de responder a la violencia con la violencia y de rescatar un país vendido en tajadas a los monopolios yanquis y elevar el nivel de vida de nuestro pueblo, cada día más hambreado.

Ejército de Liberación Nacional de Bolivia


A los mineros de Bolivia

Comunicado n° 5

Compañeros:

Una vez más corre la sangre proletaria en nuestras minas. En una explotación varias veces secular, se ha alternado la succión de la sangre esclava del minero con su derramamiento, cuando tanta injusticia produce el estallido de protesta; esa repetición cíclica no ha variado en el curso de centenares de años.
En los últimos tiempos se rompió transitoriamente el ritmo y los obreros insurrectos fueron el factor fundamental del triunfo del 9 de abril. Ese acontecimiento trajo la esperanza de que se abría un nuevo horizonte y de que, por fin, los obreros serían dueños de su propio destino, pero la mecánica del mundo imperialista enseñó, a los que quisieron ver, que en materia de revolución social no hay soluciones a medias; o se toma todo el poder o se pierden todos los avances logrados con tanto sacrificio y con tanta sangre.
A las milicias armadas del proletariado minero, único factor de fuerza en la primera hora, se fueron agregando milicias de otros sectores de la clase obrera, de desclasados y de campesinos, cuyos integrantes no supieron ver la comunidad esencial de intereses y entraron en conflicto, manejados por la demagogia antipopular y, por fin, reapareció el ejército profesional, con piel de cordero y garras de lobo. Y ese Ejército, pequeño y preterido al principio, se transformó en el brazo armado contra el proletariado y en el cómplice más seguro del imperialismo; por eso, le dieron el visto bueno al golpe de Estado castrense.
Ahora estamos recuperándonos de una derrota provocada por la repetición de errores tácticos de la clase obrera y preparando al país, pacientemente, para una revolución profunda que transforme de raíz el sistema.
No se debe insistir en tácticas falsas; heroicas, sí, pero estériles, que sumen en un baño de sangre al proletariado y ralean sus filas, privándonos de sus más combativos elementos.
En largos meses de lucha, las guerrillas han convulsionado al país, le han producido gran cantidad de bajas al Ejército y lo han desmoralizado, sin sufrir, casi, pérdidas; en una confrontación de pocas horas, ese mismo Ejército queda dueño del campo y se pavonea sobre los cadáveres proletarios. De victoria a derrota va la diferencia entre la táctica justa y la errónea.
Compañero minero: no prestes nuevamente oídos a los falsos apóstoles de la lucha de masas, que interpretan ésta como un avance compacto y frontal del pueblo contra las armas opresoras. ¡Aprendamos de la realidad! Contra las ametralladoras no valen los pechos heroicos; contra las modernas armas de demolición, no valen las barricadas, por bien construidas que estén. La lucha de masas de los países subdesarrollados, con gran base campesina y extensos territorios, debe desarrollarla una pequeña vanguardia móvil, la guerrilla, asentada en el seno del pueblo; que irá adquiriendo fuerza a costillas del ejército enemigo y catalizará el fervor revolucionario de las masas hasta crear la situación revolucionaria en la que el poder estatal se derrumbará de un solo golpe, bien asestado y en el momento oportuno.
Entiéndase bien; no llamamos a la inactividad total, sino recomendamos no comprometer fuerzas en acciones que no garanticen el éxito, pero la presión de las masas trabajadoras debe ejercerse continuamente contra el gobierno pues ésta es una lucha de clases, sin frentes limitados. Dondequiera que esté, un proletario, tiene la obligación de luchar en la medida de sus fuerzas contra el enemigo común.
Compañero minero: las guerrillas del E.L.N. te esperan con los brazos abiertos y te invitan a unirte a los trabajadores del subsuelo que están luchando a nuestro lado. Aquí reconstruiremos la alianza obrero campesina que fue rota por la demagogia antipopular, aquí convertiremos la derrota en triunfo y el llanto de las viudas proletarias en un himno de victoria. Te esperamos.
Ejército de Liberación Nacional de Bolivia

Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental


Ernesto Che Guevara



Crear dos, tres... muchos Vietnam, es la consigna.

Es la hora de los hornos y no se ha de ver más que la luz.

José Martí

Ya se han cumplido ventiún años desde el fin de la última conflagración mundial y diversas publicaciones, en infinidad de lenguas, celebran el acontecimiento simbolizado en la derrota del Japón. Hay un clima de aparente optimismo en muchos sectores de los dispares campos en que el mundo se divide.

Ventiún años sin guerra mundial, en estos tiempos de confrontaciones máximas, de choques violentos y cambios repentinos, parecen una cifra muy alta. Pero, sin analizar los resultados prácticos de esa paz por la que todos nos manifestamos dispuestos a luchar (la miseria, la degradación, la explotación cada vez mayor de enormes sectores del mundo) cabe preguntarse si ella es real.



No es la intención de estas notas historiar los diversos conflictos de carácter local que se han sucedido desde la rendición del Japón, no es tampoco nuestra tarea hacer un recuento, numeroso y creciente, de luchas civiles ocurridas durante estos años de pretendida paz.

Bástenos poner como ejemplos contra el desmedido optimismo las guerras de Corea y Vietnam.

En la primera, tras años de lucha feroz, la parte norte del país quedó sumida en la más terrible devastación que figure en los anales de la guerra moderna; acribillada de bombas; sin fábricas, escuelas u hospitales; sin ningún tipo de habitación para albergar a diez millones de habitantes.

En esta guerra intervinieron, bajo la fementida bandera de las Naciones Unidas, decenas de países conducidos militarmente por los Estados Unidos, con la participación masiva de soldados de esa nacionalidad u el uso, como carne de cañón, de la población sudcoreana enrolada.

En el otro bando, el ejército y el pueblo de Corea y los voluntarios de la República Popular China contaron con el abastecimiento y asesoría del aparato militar soviético. Por parte de los norteamericanos se hicieron toda clase de pruebas de armas de destrucción, excluyendo las termonucleares pero incluyendo las bacteriológicas y químicas, en escala limitada. En Vietnam, se han sucedido acciones bélicas, sostenidas por las fuerzas patrióticas de ese país casi ininterrumpidamente contra tres potencias imperialistas: Japón, cuyo poderío sufriera una caída vertical a partir de las bombas de Hiroshima y Nagasaki; Francia, que recupera de aquel país vencido sus colonias indochinas e ignoraba las promesas hechas en momentos difíciles; y los Estados Unidos, en esta última fase de la contienda.

Hubieron confrontaciones limitadas en todos los continentes, aun cuando en el americano, durante mucho tiempo, sólo se produjeron conatos de lucha de liberación y cuartelazos, hasta que la Revolución cubana diera su clarinada de alerta sobre la importancia de esta región y atrajera las iras imperialistas, obligándola a la defensa de sus costas en Playa Girón, primero, y durante la Crisis de Octubre, después.

Este último incidente pudo haber provocado una guerra de incalculables proporciones, al producirse, en torno a Cuba, el choque de norteamericanos y soviéticos.

Pero, evidentemente, el foco de las contradicciones, en este momentos, está radicado en los territorios de la península indochina y los países aledaños. Laos y Vietnam son sacudidos por guerras civiles, que dejan de ser tales al hacerse presente, con todo su poderío, el imperialismo norteamericano, y toda la zona se convierte en una peligrosa espoleta presta a detonar.

En Vietnam la confrontación ha adquirido características de una agudeza extrema. Tampoco es nuestra intención historiar esta guerra. Simplemente, señalaremos algunos hitos de recuerdo.

En 1954, tras la derrota aniquilante de Dien-Bien-Phu, se firmaron los acuerdos de Ginebra, que dividían al país en dos zonas y estipulaban la realización de elecciones en un plazo de 18 meses para determinar quienes debían gobernar a Vietnam y cómo se reunificaría el país. Los norteamericanos no firmaron dicho documento, comenzando las maniobras para sustituir al emperador Bao Dai, títere francés, por un hombre adecuado a sus intenciones. Este resultó ser Ngo Din Diem, cuyo trágico fin —el de la naranja exprimida por el imperialismo— es conocido de todos.

En los meses posteriores a la firma del acuerdo, reinó el optimismo en el campo de las fuerzas populares. Se desmantelaron reductos de lucha antifrancesa en el sur del país y se esperó el cumplimiento de lo pactado. Pero pronto comprendieron los patriotas que no habría elecciones a menos que los Estados Unidos se sintieran capaces de imponer su voluntad en las urnas, cosa que no podía ocurrir, aun utilizando todos los métodos de fraude conocidos.

Nuevamente se iniciaron las luchas en el sur del país y fueron adquiriendo mayor intensidad hasta llegar al momento actual, en que el ejército norteamericano se compone de casi medio millón de invasores, mientras las fuerzas títeres disminuyen su número, y sobre todo, han perdido totalmente la combatividad.



Hace cerca de dos años que los norteamericanos comenzaron el bombardeo sistemático de la República Democrática de Vietnam en un intento más de frenar la combatividad del sur y obligar a una conferencia desde posiciones de fuerza. Al principio los bombardeos fueron más o menos aislados y se revestían de la máscara de represalias por supuestas provocaciones del norte. Después aumentaron en intensidad y método, hasta convertirse en una gigantesca batida llevada a cabo por unidades aéreas de los Estados Unidos, día a día, con el propósito de destruir todo vestigio de civilización en la zona norte del país. Es un episodio de la tristemente célebre escalada.

Las aspiraciones materiales del mundo yanqui se han cumplido en buena parte a pesar de la denodada defensa de las unidades antiaéreas vietnamitas, de los más de 1,700 aviones derribados y de la ayuda del campo socialista en material de guerra.

Hay una penosa realidad: Vietnam, esa nación que representa las aspiraciones, las esperanzas de victoria de todo un mundo preterido, está trágicamente solo. Ese pueblo debe soportar los embates de la técnica norteamericana, casi a mansalva en el sur, con algunas posibilidades de defensa en el norte, pero siempre solo. La solidaridad del mundo progresista para con el pueblo de Vietnam semeja a la amarga ironía que significaba para los gladiadores del circo romano el estímulo de la plebe. No se trata de desear éxitos al agredido, sino de correr su misma suerte; acompañarlo a la muerte o la victoria.

Cuando analizamos la soledad vietnamita nos asalta la angustia de este momento ilógico de la humanidad.

El imperialismo norteamericano es culpable de agresión; sus crímenes son inmensos y repartido por todo el orbe. ¡Ya lo sabemos, señores! Pero también son culpables los que en el momento de definición vacilaron en hacer de Vietnam parte inviolable del territorio socialista, corriendo, así, los riesgos de una guerra de alcance mundial, pero también obligando a una decisión a los imperialistas norteamericanos. Y son culpables los que mantienen una guerra de denuestos y zancadillas comenzada hace ya buen tiempo por los representantes de las dos más grandes potencias del campo socialista.

Preguntemos, para lograr una respuesta honrada: ¿Está o no aislado el Vietnam, haciendo equilibrios peligrosos entre las dos potencias en pugna?

Y ¡qué grandeza la de ese pueblo! ¡Qué estoicismo y valor, el de ese pueblo! Y qué lección para el mundo entraña esa lucha.

Hasta dentro de mucho tiempo no sabremos si el presidente Johnson pensaba en serio iniciar algunas de las reformas necesarias a un pueblo —para limar aristas de las contradicciones de clase que asoman con fuerza explosiva y cada vez más frecuentemente. Lo cierto es que las mejoras anunciadas bajo el pomposo título de lucha por la gran sociedad han caído en el sumidero de Vietnam.

El más grande de los poderes imperialistas siente en sus entrañas el desangramiento provocado por un país pobre y atrasado y su fabulosa economía se resiente del esfuerzo de guerra. Matar deja de ser el más cómodo negocio de los monopolios. Armas de contención, y no en número suficiente, es todo lo que tienen estos soldados maravillosos, además del amor a su patria, a su sociedad y un valor a toda prueba. Pero el imperialismo se empantana en Vietnam, no halla camino de salida y busca desesperadamente alguno que le permita sortear con dignidad este peligroso trance en que se ve. Mas los "cuatro puntos" del norte y "los cinco" del sur lo atenazan, haciendo aún más decidida la confrontación.

Todo parece indicar que la paz, esa paz precaria a la que se ha dado tal nombre, sólo porque no se ha producido ninguna conflagración de carácter mundial, está otra vez en peligro de romperse ante cualquier paso irreversible e inaceptable, dado por los norteamericanos. Y, a nosotros, explotados del mundo, ¿cuál es el papel que nos corresponde? Los pueblos de tres continentes observan y aprenden su lección en Vietnam. Ya que, con la amenaza de guerra, los imperialistas ejercen su chantaje sobre la humanidad, no temer la guerra es la respuesta justa. Atacar dura e ininterrumpidamente en cada punto de confrontación, debe ser la táctica general de los pueblos.

Pero, en los lugares en que esta mísera paz que sufrimos no ha sido rota, ¿cuál será nuestra tarea? Liberarnos a cualquier precio.

El panorama del mundo muestra una gran complejidad. La tarea de la liberación espera aún a países de la vieja Europa, suficientemente desarrollados para sentir todas las contradicciones del capitalismo, pero tan débiles que no pueden seguir ya seguir el rumbo del imperialismo o iniciar esa ruta. Ahí las contradicciones alcanzarán en los próximos años carácter explosivo, pero sus problemas y, por ende, la solución de los mismos son diferentes a las de nuestros pueblos dependientes y atrasados económicamente.

El campo fundamental de la explotación del imperialismo abarca los tres continentes atrasados, América, Asia y África. Cada país tiene características propias, pero los continentes, en su conjunto, también las presentan.

América constituye un conjunto más o menos homogéneo y en la casi totalidad de su territorio los capitales monopolistas norteamericanos mantienen una primacía absoluta. Los gobiernos títeres o, en el mejor de los casos, débiles y medrosos, no pueden imponerse a las órdenes del amo yanqui. Los norteamericanos han llegado casi al máximo de su dominación política y económica, poco más podrían avanzar ya. Cualquier cambio de la situación podría convertirse en un retroceso en su primacía. Su política es mantenerlo conquistado. La línea de acción se reduce en el momento actual, al uso brutal de la fuerza para impedir movimientos de liberación de cualquier tipo que sean.

Bajo el slogan, "no permitiremos otra Cuba", se encubre la posibilidad de agresiones a mansalva, como la perpetrada contra Santo Domingo o, anteriormente, la masacre de Panamá, y la clara advertencia de que las tropas yanquis están dispuestas a intervenir en cualquier lugar de América donde el orden establecido sea alterado, poniendo en peligro sus intereses. Esa política cuenta con una impunidad casi absoluta; la OEA es una máscara cómoda, por desprestigiada que esté; la ONU es de una ineficiencia rayana en el ridículo o en lo trágico; los ejércitos de todos los países de América están listos a intervenir para aplastar a sus pueblos. Se ha formado, de hecho, la internacional del crimen y la traición.

Por otra parte las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo —si alguna vez la tuvieron— y solo forman su furgón de cola.

No hay más cambios que hacer; o revolución socialista o caricatura de revolución.

Asia es un continente de características diferentes. Las luchas de liberación contra una serie de poderes coloniales europeos, dieron por resultado el establecimiento de gobiernos más o menos progresistas, cuya evolución posterior ha sido, en algunos casos, de profundización de los objetivos primarios de la liberación nacional y en otros de reversión hacia posiciones proimperialistas.

Dado el punto de vista económico, Estados Unidos tenía poco que perder y mucho que ganar en Asia. Los cambios le favorecen; se lucha por desplazar a otros poderes neocoloniales, penetrar nuevas esferas de acción en el campo económico, a veces directamente, otras utilizando al Japón.

Pero existen condiciones políticas especiales, sobre todo en la península indochina, que le dan características de capital importancia al Asia y juegan un papel importante en la estrategia militar global del imperialismo norteamericano. Este ejerce un cerco a China a través de Corea del Sur, Japón, Taiwan, Vietnam del Sur y Tailandia, por lo menos.

Esa doble situación: un interés estratégico tan importante como el cerco militar a la República Popular China y la ambición de sus capitales por penetrar esos grandes mercados que todavía no dominan, hacen que el Asia sea uno de los lugares más explosivos del mundo actual, a pesar de la aparente estabilidad fuera del área vietnamita.

Perteneciendo geográficamente a este continente, pero con sus propias contradicciones, el Oriente Medio está en plena ebullición, sin que se pueda prever hasta dónde llegará esa guerra fría entre Israel, respaldada por los imperialistas, y los países progresistas de la zona. Es otro de los volcanes amenazadores del mundo.

El África ofrece las características de ser un campo casi virgen para la invasión neocolonial. Se han producido cambios que, en alguna medida, obligaron a los poderes neocoloniales a ceder sus antiguas prerrogativas de carácter absoluto. Pero, cuando los procesos se llevan a cabo ininterrumpidamente, al colonialismo sucede, sin violencia, un neocolonialismo de iguales efectos en cuanto a la dominación económica se refiere. Estados Unidos no tenía colonias en esta región y ahora lucha por penetrar en los antiguos cotos cerrados de sus socios. Se puede asegurar que África constituye, en los planes estratégicos del imperialismo norteamericano su reservorio a largo plazo; sus inversiones actuales sólo tienen importancia en la Unión Sudafricana y comienza su penetración en el Congo, Nigeria y otros países, donde se inicia una violenta competencia (con carácter pacífico hasta ahora) con otros poderes imperialistas.

No tiene todavía grandes intereses que defender salvo su pretendido derecho a intervenir en cada lugar del globo en que sus monopolios olfateen buenas ganancias o la existencia de grandes reservas de materias primas. Todos estos antecedentes hacen lícito el planteamiento interrogante sobre las posibilidades de liberación de los pueblos a corto o mediano plazo.

Si analizamos el África veremos que se lucha con alguna intensidad en las colonias portuguesas de Guinea, Mozambique y Angola, con particular éxito en la primera y con éxito variable en las dos restantes. Que todavía se asiste a la lucha entre sucesores de Lumumba y los viejos cómplices de Tshombe en el Congo, lucha que, en el momento actual, parece inclinarse a favor de los últimos, los que han "pacificado" en su propio provecho una gran parte del país, aunque la guerra se mantenga latente.

En Rhodesia el problema es diferente: el imperialismo británico utilizó todos los mecanismos a su alcance para entregar el poder a la minoría blanca que lo detenta actualmente. El conflicto, desde el punto de vista de Inglaterra, es absolutamente antioficial, sólo que esta potencia, con su habitual habilidad diplomática —también llamada hipocresía en buen romance— presenta una fachada de disgustos ante las medidas tomadas por el gobierno de Ian Smith, y es apoyada en su taimada actitud por algunos de los países del Commonwealth que la siguen, y atacada por una buena parte de los países del África Negra, sean o no dóciles vasallos económicos del imperialismo inglés.



En Rhodesia la situación puede tornarse sumamente explosiva si cristalizaran los esfuerzos de los patriotas negros para alzarse en armas y este movimiento fuera apoyado efectivamente por las naciones africanas vecinas. Pero por ahora todos sus problemas se ventilan en organismos tan inicuos como la ONU, el Commonwealth o la OUA.

Sin embargo, la evolución política y social del África no hace prever una situación revolucionaria continental. Las luchas de liberación contra los portugueses deben terminar victoriosamente, pero Portugal no significa nada en la nómina imperialista. Las confrontaciones de importancia revolucionaria son las que ponen en jaque a todo el aparato imperialista, aunque no por eso dejemos de luchar por la liberación de las tres colonias portuguesas y por la profundización de sus revoluciones.

Cuando las masa negras de Sudáfrica o Rhodesia inicien su auténtica lucha revolucionaria, se habrá iniciado una nueva época en el África. O, cuando las masas empobrecidas de un país se lancen a rescatar su derecho a una vida digna, de las manos de las oligarquías gobernantes.

Hasta ahora se suceden los golpes cuartelarios en que un grupo de oficiales reemplaza a otro o a un gobernante que ya no sirva sus intereses de casta y a los de las potencias que lo manejan solapadamente pero no hay convulsiones populares. En el Congo se dieron fugazmente estas características impulsadas por el recuerdo de Lumumba, pero han ido perdiendo fuerza en los últimos meses.

En Asia, como vimos, la situación es explosiva, y no son sólo Vietnam y Laos, donde se lucha, los puntos de fricción. También lo es Cambodia, donde en cualquier momento puede iniciarse la agresión directa norteamericana, Tailandia, Malasia y, por supuesto, Indonesia, donde no podemos pensar que se haya dicho la última palabra pese al aniquilamiento del Partido Comunista de ese país, al ocupar el poder los reaccionarios. Y, por supuesto, el Oriente Medio.

En América Latina se lucha con las armas en la mano en Guatemala, Colombia, Venezuela y Bolivia y despuntan los primeros brotes en Brasil. Hay otros focos de resistencia que aparecen y se extinguen. Pero casi todos los países de este continente están maduros para una lucha de tipo tal, que para resultar triunfante, no pueda conformarse con menos que la instauración de un gobierno de corte socialista.




En este continente se habla prácticamente una lengua, salvo el caso excepcional del Brasil, con cuyo pueblo los de habla hispana pueden entenderse, dada la similitud entre ambos idiomas. Hay una identidad tan grande entre las clases de estos países que logran una identificación de tipo "internacional americano", mucho más completa que en otros continentes. Lengua, costumbres, religión, amo común, los unen. El grado y las formas de explotación son similares en sus efectos para explotadores y explotados de una buena parte de los países de nuestra América. Y la rebelión está madurando aceleradamente en ella.

Podemos preguntarnos: esta rebelión, ¿cómo fructificará?; ¿de qué tipo será? Hemos sostenido desde hace tiempos que dadas sus características similares, la lucha en América adquirirá, en su momento, dimensiones continentales. Será escenario de muchas grandes batallas dadas por la humanidad para su liberación.

En el marco de esa lucha de alcance continental, las que actualmente se sostienen en forma activa son sólo episodios, pero ya han dado los mártires que figurarán en la historia americana como entregando su cuota de sangre necesaria en esta última etapa de la lucha por la libertad plena del hombre. Allí figurarán los nombres del comandante Turcios Lima, del cura Camilo Torres, del comandante Fabricio Ojeda, de los comandantes Lobatón y Luis de la Puente Uceda, figuras principalísimas en los movimientos revolucionarios de Guatemala, Colombia, Venezuela y Perú.

Pero la movilización activa del pueblo crea sus nuevos dirigentes: César Montes y Yon Sosa levantan la bandera en Guatemala, Fabio Vázquez y Marulanda lo hacen en Colombia, Douglas Bravo en el occidente del país y Américo Martín en El Bachiller, dirigen sus respectivos frentes en Venezuela.

Nuevos brotes de guerra surgirán en estos y otros países americanos, como ya ha ocurrido en Bolivia, e irán creciendo, con todas las vicisitudes que entraña este peligroso oficio de revolucionario moderno. Muchos morirán víctimas de sus errores, otros caerán en el duro combate que se avecina; nuevo luchadores y nuevos dirigentes surgirán al calor de la lucha revolucionaria. El pueblo irá formando sus combatientes y sus conductores en el marco selectivo de la guerra misma, y los agentes yanquis de represión aumentarán. Hoy hay asesores en todos los países donde la lucha armada se mantiene y el ejército peruano realizó, al parecer, una exitosa batida contra los revolucionarios de ese país, también asesorado y entrenado por los yanquis. Pero si los focos de guerra se llevan con suficiente destreza política y militar, se harán prácticamente imbatibles y exigirán nuevos envíos de los yanquis. En el propio Perú, con tenacidad y firmeza nuevas figuras aún no completamente conocidas, reorganizan la lucha guerrillera. Poco a poco, la armas obsoletas que bastan para la represión de pequeñas bandas armadas, irán convirtiéndose en armas modernas y los grupos de asesores en combatientes norteamericanos, hasta que, en un momento dado, se vean obligados a enviar cantidades crecientes de tropas regulares para asegurar la relativa estabilidad de un poder cuyo ejército nacional títere se desintegra ante los combates de las guerrillas. Es el camino de Vietnam; es el camino que deben seguir los pueblos; es el camino que seguirá América, con la característica especial de que los grupos en armas pudieran formar algo así como Juntas de Coordinación para hacer más difícil la tarea represiva del imperialismo yanqui y facilitar la propia causa.

América, continente olvidado por las últimas luchas políticas de liberación, que empieza a hacerse sentir a través de la Tricontinental en la voz de la vanguardia de sus pueblos, que es la Revolución cubana, tendrá una tarea de mucho mayor relieve: la de la creación del segundo o tercer Vietnam o del segundo y tercer Vietnam del mundo.

En definitiva, hay que tener en cuenta que el imperialismo es un sistema mundial, última etapa del capitalismo, y que hay que batirlo en una gran confrontación mundial. La finalidad estratégica de esa lucha debe ser la destrucción del imperialismo. La participación que nos toca a nosotros, los explotados y atrasados del mundo, es la de eliminar las bases de sustentación del imperialismo: nuestros pueblos oprimidos, de donde extraen capitales, materias primas, técnicos y obreros baratos y a donde exportan nuevos capitales —instrumentos de dominación—, armas y toda clase de artículos, sumiéndonos en una dependencia absoluta. El elemento fundamental de esa finalidad estratégica será, entonces la liberación real de los pueblos; liberación que se producirá, a través de la lucha armada, en la mayoría de los casos, y que tendrá, en América, casi indefectiblemente, la propiedad de convertirse en una revolución socialista.

Al enfocar la destrucción del imperialismo, hay que identificar a su cabeza, la que no es otra que los Estados Unidos de Norteamérica.

Debemos realizar una tarea de tipo general que tenga como finalidad táctica sacar al enemigo de su ambiente obligándolo a luchar en lugares donde sus hábitos de vida choquen con la realidad imperante. No se debe despreciar al adversario; el soldado norteamericano tiene capacidad técnica y está respaldado por medios de tal magnitud que lo hacen temible. Le falta esencialmente de motivación ideológica que tienen en grado sumo sus más enconados rivales de hoy: los soldados vietnamitas. Solamente podremos triunfar sobre ese ejército en la medida en que logremos minar su moral. Y ésta se mina inflingiéndole derrotas y ocasionándole sufrimientos repetidos.



Pero este pequeño esquema de victorias encierra dentro de sí sacrificios inmensos de los pueblos, sacrificios que debe exigirse desde hoy, a la luz del día, y que quizás sean menos dolorosos que los que debieron soportar si rehuyéramos constantemente el combate, para tratar de que otros sean los que nos saquen las castañas del fuego.

Claro que, el último país en liberarse, muy probablemente lo hará sin lucha armada, y los sufrimientos de una guerra larga y tan cruel como la que hacen los imperialistas, se le ahorrarán a ese pueblo. Pero tal vez sea imposible eludir esa lucha o sus efectos, en una contienda de carácter mundial y se sufra igual o más aún. No podemos predecir el futuro, pero jamás debemos ceder a la tentación claudicante de ser los abanderados de un pueblo que anhela su libertad, pero reniega de la lucha que ésta conlleva y la espera como un mendrugo de victoria.

Es absolutamente justo evitar todo sacrificio inútil. Por eso es tan importante el esclarecimiento de las posibilidades efectivas que tiene la América dependiente de liberarse en formas pacíficas. Para nosotros está clara la solución de esta interrogante; podrá ser o no el momento actual el indicado para iniciar la lucha, pero no podemos hacernos ninguna ilusión, ni tenemos derecho a ello de lograr la libertad sin combatir. Y los combates no serán meras luchas callejeras de piedras contra gases lacrimógenos, ni de huelgas generales pacíficas; ni será la lucha de un pueblo enfurecido que destruya en dos o tres días el andamiaje represivo de las oligarquías gobernantes; será una lucha larga, cruenta, donde su frente estará en los refugios guerrilleros, en las ciudades, en las casas de los combatientes —donde la represión irá buscando víctimas fáciles entre sus familiares— en la población campesina masacrada, en las aldeas o ciudades destruidas por el bombardeo enemigo.

Nos empujan a esa lucha; no hay más remedio que prepararla y decidirse a emprenderla.

Los comienzos no serán fáciles; serán sumamente difíciles. Toda la capacidad de represión, toda la capacidad de brutalidad y demagogia de las oligarquías se pondrá al servicio de su causa. Nuestra misión, en la primera hora, es sobrevivir, después actuará el ejemplo perenne de la guerrilla realizando la propaganda armada en la acepción vietnamita de la frase, vale decir, la propaganda de los tiros, de los combates que se ganan o se pierden, pero se dan, contra los enemigos.

La gran enseñanza de la invencibilidad de la guerrilla prendiendo en las masas de los desposeídos. La galvanización del espíritu nacional, la preparación para tareas más duras, para resistir represiones más violentas.

El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal.

Hay que llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a su casa, a sus lugares de diversión; hacerla total. Hay que impedirle tener un minuto de tranquilidad, un minuto de sosiego fuera de sus cuarteles, y aún dentro de los mismos: atacarlo donde quiera que se encuentre; hacerlo sentir una fiera acosada por cada lugar que transite. Entonces su moral irá decayendo.

Será más bestial todavía, pero se notarán los signos del decaimiento que asoma.

Y que se desarrolle un verdadero internacionalismo proletario; con ejércitos proletarios internacionales, donde la bandera bajo la que se luche sea la causa sagrada de la redención de la humanidad, de tal modo que morir bajo las enseñas de Vietnam, de Venezuela, de Guatemala, de Laos, de Guinea, de Colombia, de Bolivia, de Brasil, para citar sólo los escenarios actuales de la lucha armada, sea igualmente gloriosa y apetecible para un americano, un asiático, un africano y, aún, un europeo.

Cada gota de sangre derramada en un territorio bajo cuya bandera no se ha nacido, es experiencia que recoge quien sobrevive para aplicarla luego en la lucha por la liberación de su lugar de origen. Y cada pueblo que se libere, es una fase de la batalla por la liberación del propio pueblo que se ha ganado.

Es la hora de atemperar nuestras discrepancias y ponerlo todo al servicio de la lucha.

Que agitan grandes controversias al mundo que lucha por la libertad, lo sabemos todos y no lo podemos esconder. Que han adquirido un carácter y una agudeza tales que luce sumamente difícil, si no imposible, el diálogo y la conciliación, también lo sabemos. Buscar métodos para iniciar un diálogo que los contendientes rehuyen es una tarea inútil. Pero el enemigo está ahí, golpea todos los días y amenaza con nuevos golpes y esos golpes nos unirán, hoy, mañana o pasado. Quienes antes lo capten y se preparen a esa unión necesaria tendrán el reconocimiento de los pueblos.

Dadas las virulencias e intransigencias con que se defiende cada causa, nosotros, los desposeídos, no podemos tomar partido por una u otra forma de manifestar las discrepancias, aún cuando coincidamos a veces con algunos planteamientos de una u otra parte, o en mayor medida con los de una parte que con los de la otra. En el momento de la lucha, la forma en que se hacen visibles las actuales diferencias constituyen una debilidad; pero en el estado en que se encuentran, querer arreglarlas mediante palabras es una ilusión. La historia irá borrando o dándoles su verdadera explicación.

En nuestro mundo en lucha, todo lo que sea discrepancia en torno a la táctica, método de acción para la consecución de objetivos limitados, debe analizarse con el respeto que merecen las apreciaciones ajenas. En cuanto al gran objetivo estratégico, la destrucción total del imperialismo por medio de la lucha, debemos ser intransigentes.

Sinteticemos así nuestras aspiraciones de victoria: destrucción del imperialismo mediante la eliminación de su baluarte más fuerte: el dominio imperialista de los Estados Unidos de Norteamérica. Tomar como función táctica la liberación gradual de los pueblos, uno a uno o por grupos, llevando al enemigo a una lucha difícil fuera de su terreno; liquidándole sus bases de sustentación, que son sus territorios dependientes.

Eso significa una guerra larga. Y lo repetimos una vez más, una guerra cruel. Que nadie se engañe cuando la vaya a iniciar y que nadie vacile en iniciarla por temor a los resultados que pueda traer para su pueblo. Es casi la única esperanza de victoria.

No podemos eludir el llamado de la hora. Nos lo enseña Vietnam con su permanente lección de heroísmo, su trágica y cotidiana lección de lucha y de muerte para lograr la victoria final.

Allí, los soldados del imperialismo encuentran la incomodidad de quien, acostumbrado al nivel de vida que ostenta la nación norteamericana, tiene que enfrentarse con la tierra hostil; la inseguridad de quien no puede moverse sin sentir que pisa territorio enemigo; la muerte a los que avanzan más allá de sus reductos fortificados, la hostilidad permanente de toda la población. Todo eso va provocando la repercusión interior en los Estados Unidos; va haciendo surgir un factor atenuado por el imperialismo en pleno vigor, la lucha de clases aún dentro de su propio territorio.

¡Cómo podríamos mirar el futuro de luminoso y cercano, si dos, tres, muchos Vietnam florecieran en la superficie del globo, con su cuota de muerte y sus tragedias inmensas, con su heroísmo cotidiano, con sus golpes repetidos al imperialismo, con la obligación que entraña para este de dispersar sus fuerzas, bajo el embate del odio creciente de los pueblos del mundo!

Y si todos fuéramos capaces de unirnos, para que nuestros golpes fueran más sólidos y certeros, para que la ayuda de todo tipo a los pueblos en lucha fuera aún más efectiva, ¡qué grande sería el futuro, y qué cercano!

Si a nosotros, los que en un pequeño punto del mapa del mundo cumplimos el deber que preconizamos y ponemos a disposición de la lucha este poco que nos es permitido dar: nuestras vidas, nuestro sacrificio, nos toca lanzar alguno de estos días el último suspiro sobre cualquier tierra, ya nuestra, regada con nuestra sangre, sépase que hemos medido el alcance de nuestros actos y que no nos consideramos nada más que elementos en el gran ejército proletario, pero nos sentimos orgullosos de haber aprendido de la Revolución cubana y de su gran dirigente máximo la gran lección que emana de su actitud en esta parte del mundo: "qué importan los peligros o sacrificios de un hombre o de un pueblo, cuando está en juego el destino de la humanidad".

Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica. En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ese, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo, y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria.



Publicado en: Tricontinental, Suplemento especial, 16 de abril de 1967.

Tomado de: Ernesto Che Guevara, Escritos y discursos, Tomo 9, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1977.

Cuba : Ernesto Che Guevara