jueves, marzo 24, 2011

Historia del periodismo en México ( 1539-1917 )



PERIODISMO EN MÉXICO


Las bases del periodismo en nuestro país se remontan a la época colonial, en el siglo XVI, cuando circularon por las calles de la capital de la Nueva España los famosos pregoneros, que a pulmón abierto gritaban en plazas públicas o sitios de gran concurrencia como los mercados, las noticias de actualidad. Obviamente que esta labor era realizada bajo la supervisión de las autoridades coloniales, que a través del cabildo otorgaban permiso expreso a estos ingeniosos hombres.
            La llegada de la imprenta a México ocurre en 1539, cuando a instancias del arzobispo Fray Juan de Zumárraga llega a radicar en la capital de la Nueva España el impresor italiano Juan Pablos. De manera paulatina se fueron instalando más talleres de impresión con lo que inicia la circulación de hojas volantes. La primera de ellas que se impresa en nuestro país es el Mercurio Volante, editado en 1693 por el intelectual Carlos de Sigüenza y Góngora, con noticias de carácter histórico y científico.
            Una de las hojas volantes más antiguas que se conocen y que ha servido como fuente de datos para varios historiadores es la Relación del terremoto de Guatemala, evento que ocurrió en noviembre de 1541, aunque el volante circuló en México hasta 1542.
            En enero de 1722, el clérigo católico y doctor Juan Ignacio de Castorena y Ursúa funda la Gaceta de México y noticias de Nueva España, considerado como el primer periódico de México, donde publica informaciones religiosas, oficiales, comerciales, sociales, mineras y marítimas. Este órgano mensual duró de enero a junio de ese año.
            Desde entonces, los periódicos y las hojas volantes en México y en el resto de Hispanoamérica tuvieron una utilización práctica. Jorge Calvimontes en su libro El Periódico establece que en una gaceta de la época colonial (1760) era posible encontrar una columna de acontecimientos o la historia de la época, un ensayo de origen local o importado sobre cualquier tema, desde astronomía hasta el cultivo de las zanahorias [...] En las colonias el periódico se popularizó porque se adaptaba perfectamente a los requerimientos de hombres ocupados que tenían gran necesidad de información práctica sobre todos los temas en palabras sencillas (1).

PERIÓDICOS EN MÉXICO A PARTIR DE LA INDEPENDENCIA


Posterior a la etapa del periodismo colonial en México, la escritora Petra Mª Secanella ubica el inicio del periodismo político en México con la aparición del Despertador Americano (2), fundado por el cura Miguel Hidalgo en Guadalajara el 20 de diciembre de 1810 bajo la dirección de Francisco Severo Maldonado. Pero este no fue el primer periódico de la provincia; tres años antes apareció en el puerto de Veracruz el Jornal Económico Mercantil de Veracruz, con información muy ad hoc a las actividades del transporte y almacenamiento de mercancías de ultramar en esa ciudad.
            Aunque la elaboración de periódicos no fue considerada en esa época como una actividad que significara abundantes ingresos económicos, la práctica del periodismo fue eficiente para la difusión de corrientes de pensamiento entre grupos selectos de lectores que crecieron en número, conforme se fueron abatiendo los índices de analfabetismo en todo el país.
            A partir del Despertador Americano de Hidalgo, fue muy notorio que los periódicos que se editaron sirvieron como bandera de lucha ideológica de grupos precursores de las transformaciones sociales que buscaban en un México independiente. También con esa necesidad de divulgación ideológica, se propició la proliferación de los talleres de impresión en distintas ciudades.
            Hubo ejemplos muy admirables de hombres cabales que utilizaron como tribuna de lucha política los periódicos como José Joaquín Fernández de Lizardi en el Pensador Americano de 1812, donde se pronunció abiertamente por la abolición de la esclavitud. A la par del Pensador Americano de Lizardi, fueron surgiendo otras publicaciones insurgentes como el Sud de José María Morelos, el Correo Americano del Sur a cargo de José Manuel Herrera, el Aristarco Universal de Lorenzo de Zavala y el Ilustrador Nacional del doctor José María Cos, entre otros medios que diseminaron por gran parte del territorio mexicano el espíritu independentista.
            Con la Constitución de 1824 se instauró el régimen de libertad de prensa y con ello se amplió el marco jurídico para el desarrollo de la actividad periodística en todo el país, que creció en proporciones geométricas.
            Fueron los periódicos El Ateneo Mexicano y Siglo XIX (1840) y El Monitor Republicano (1844) el conducto para difundir las ideas liberales de Francisco Zarco, Guillermo Prieto y Andrés Quintana Roo, que tuvieron efecto en la comunidad pese al analfabetismo y aislamiento de los centros poblacionales en todo el país. A partir de un periódico, la noticia era transmitida oralmente.
            La prensa también jugó un papel relevante durante la invasión francesa (1862-1867). La respuesta del gobierno imperial a los periodistas opositores fue drástica y violenta en muchas ocasiones. Dentro del bando republicano identificados con la causa juarista, participaron Francisco Zarco con La Independencia Mexicana, Guillermo Prieto en Monterrey con El Cura de Tamajón y El Monarca en San Luis Potosí, e Ignacio Ramírez que publicó La Opinión en Sinaloa y La Insurrección en Sonora. Los periodistas liberales, además de tener que ocultarse y verse obligados a emigrar constantemente al ser perseguidos por el imperio, fueron combatidos por personajes afines al gobierno monárquico de Maximiliano en las publicaciones El Boletín de Orizaba, El Verdadero Eco de Europa, La Opinión, La Reacción y El Veracruzano, además de La Prensa y El Pájaro Verde, estos dos últimos se editaron en la capital. En esta época el ataque, el insulto, descalificación y la denostación por uno y otro bando, fueron la columna vertebral del contenido periodístico.
            Durante el período presidencial de Benito Juárez (1858-1872) mejoraron bastante las condiciones de libertad de expresión ya especificadas en la Constitución Política. Incluso algunos autores coinciden en que se llegó a abusar de esta prerrogativa, por lo que proliferaron publicaciones que en lugar de informar con veracidad, se centraron en la confrontación de puntos de vista entre liberales y conservadores en un lenguaje muy arrebatado.
            Al asumir la presidencia en 1876, el general Porfirio Díaz se encontró con un periodismo muy combativo. Por tal motivo decidió dar un nuevo cariz a la política de prensa a partir de su segundo período de gobierno (1884) a través de la subvención, o sea, entregar cantidades fijas de dinero (subsidio mensual o quincenal) a los periódicos y evitar así en lo posible las críticas.
            Cabe destacar que ésta práctica iniciada años antes por Benito Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada, alcanzó grandes dimensiones con Porfirio Díaz. En un principio para el militar oaxaqueño fue más viable entregar dinero a los periódicos que hacer un escándalo clausurándolos o enviando a la cárcel a sus redactores (3). Pero cuando el porfiriato se encontraba en su clímax, se dejaron escuchar voces inconformes con el reeleccionismo por lo que el régimen persiguió, encarceló y hasta desterró a redactores e ilustradores de periódicos opositores, sobre todo a partir de 1890.
            Las fuertes condiciones de explotación que se dieron entre la clase obrera y campesina, fue un flanco abierto para la difusión de ideas socialistas procedentes de Europa. Entonces aparecieron algunos medios que abrieron brecha en el campo de la lucha social entre los que destacó El Socialista en julio de 1871, a cargo de Juan Mata Rivera. Este periódico se convirtió en el órgano oficial del Gran Círculo de Obreros de México y en sus páginas se publicó en 1884 el Manifiesto Comunista de Carlos Marx y Federico Engels (4).
            Concebido por sus colaboradores como estructurador ideológico, político y orgánico de una corriente revolucionaria de masas, como la forma fundamental de propaganda, agitación y organización colectiva, Regeneración fundado por los hermanos Jesús y Ricardo Flores Magón en agosto de 1900, fue difusor de una ideología extremadamente radical, que no sólo tuvo problemas con el régimen porfirista, sino también con gobiernos revolucionarios posteriores como los de Francisco I. Madero y Venustiano Carranza, que siempre desconfiaron de las ideas anarquistas de estos hermanos. Este cotidiano perduró hasta marzo de 1918 (5).
            También destacaron durante esta larga etapa de censura dentro del periodismo crítico en 1885, El Hijo del Ahuizote (pasquín de autores anónimos heredero de El Ahuizote fundado diez años antes por Vicente Riva Palacio), Filomeno Mata (1881) con el Diario del Hogar, Félix F. Palavicini que fundó en 1909 El Anti Reeleccionista donde colaboró José Vasoncelos y el caricaturista José Guadalupe Posada, quien ilustró en distintos diarios de la capital y provincia su punto de vista humorístico de la situación que privaba en las clases desprotegidas de la población, a través de sus famosos grabados. La avalancha del periodismo antirreeleccionista, fue fortalecida en 1909 por Francisco I. Madero con El Demócrata Coahuilense y Aquiles Serdán que publicó en Puebla La No Reelección.

EL PERIODISMO MODERNO EN MÉXICO


A Porfirio Díaz se atribuye el apoyo para la apertura de El Imparcial que fue entonces el periódico más moderno de México. Fundado en 1896 por Rafael Reyes Espíndola, El Imparcial tomó el modelo clásico de los periódicos estadunidenses con su definición de secciones, corresponsales en provincia y servicios noticiosos de la agencia Associated Press (AP), lo que le atrajo mayor número de lectores que lo hicieron su favorito ya que alcanzó tirajes de hasta 100 mil ejemplares. El Imparcial desplazó a los periódicos el Siglo XIX y El Monitor Republicano que hasta entonces, eran las publicaciones más consolidadas en el gusto del público.
            El taller de El Imparcial contó con las primeras rotativas del país, así como los primeros linotipos, excelente infraestructura que le sirvió para publicar las revistas El Mundo y El Mundo Ilustrado.
            Este diario que frecuentemente incluyó fotografías en su primera plana, desapareció en 1914. Es el punto de partida al periodismo moderno y empresarial de México, por ser el primero que incorporó en su estructura una bien organizada planta de reporteros y equipo de producción donde además, el trabajo eficiente de un departamento de publicidad, transformó el concepto de comercialización de espacios conocido hasta entonces.
            Después del cierre de El Imparcial, el primero de octubre de 1916 el constitucionalista Félix F. Palavicini funda El Universal y el 18 de marzo de 1917 Rafael Alducín hace lo propio con Excélsior, destacados periódicos capitalinos que subsisten en la actualidad.


  1. El Periódico.- Jorge Calvimontes. Edición de la Asociación Nacional de Universidades e Institutos de Enseñanza Superior (ANUIES). 1975. Pp. 22 y 24.
  2. El Periodismo Político en México.- Petra Mª Secanella. Ed. Prisma. P. 8.
  3. La subvención no ha sido una práctica exclusiva del gobierno mexicano, sin embargo la forma indiscriminada en que son otorgados estos subsidios en nuestro país es tema recurrente de analistas políticos.
  4. Breve Historia del Libro en México.- Ernesto de la Torre Villar (1990). Pp. 106-107.
  5. Ibidem.- P. 109.

domingo, diciembre 19, 2010

REPUDIAMOS EL COBARDE ASESINATO


Saltillo, Coahuila a 18 de diciembre de 2010



DE NUESTRA COMPAÑERA MARISELA ESCOBEDO ORTIZ


“Demandar justicia en México significa riesgo de muerte”


Familiares de personas Desaparecidas y Defensoras y Defensores de Derechos Humanos del estado de Coahuila, sumamos nuestra voz de repudio e indignación por el asesinato de nuestra compañera Marisela Escobedo Ortiz, quien exigía justicia tras la muerte de su hija Rubí Frayre Escobedo.

Con impotencia y dolor recibimos la noticia y expresamos a nuestras compañeras de Justicia para Nuestras Hijas A.C. y a la familia de Marisela nuestras más sentidas condolencias por este hecho tan cobarde y les manifestamos que seguiremos luchando dignamente junto con ellas por la justicia.

La Justicia en sí era lo que Marisela Escobedo buscaba. Luego de pasar por tribunales totalmente parcializados, no había encontrado la Justicia que se esperaba de parte de las autoridades y ese era su reclamo, tan legítimo como el de cualquier madre que con dignidad no se dobla ante las sentencias absurdas de jueces o ante la negligencia e impunidad con la que suelen actuar las instituciones encargadas de la procuración y administración de justicia.

Este hecho refleja la situación por la que pasamos las y los defensores de Derechos Humanos en México, es decir, no existe un Estado de Derecho, por lo que la defensa y promoción se convierte en un trabajo de alto riesgo que implica, en muchas ocasiones, que se nos arrebate de manera cobarde nuestra vida. Como lo han hecho hoy con Marisela.

Este crimen es responsabilidad de los jueces que liberaron al asesino de Rubí, pero también del Gobierno mexicano, encabezado por el C. Felipe Calderón Hinojosa. En noviembre del año pasado la Corte Interamericana de Derechos Humanos fincó responsabilidad al Estado mexicano por su responsabilidad en la violaciones a los Derechos Humanos por no garantizar la vida, integridad y derecho a la justicia por los homicidios de 3 mujeres en Ciudad Juárez en el 2001. ¿Cuántas sentencias internacionales más necesitan los gobernantes para hacer algo por la vida de nuestro pueblo masacrado?

  • Exigimos la renuncia inmediata y sujeción a proceso del Presidente Felipe Calderón Hinojosa y de C. César Horacio Duarte Jáquez y de todos los funcionarios de alto nivel corresponsables por este crimen.


Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos (as) en Coahuila
Belén, Posada del Migrante
Frontera con Justicia, A.C.
Humanidad sin Fronteras, A.C.
Centro Diocesano para los Derechos Humanos “Fray Juan de Larios”
Área de Comunicación de la Diócesis de Saltillo
Centro de Derechos Humanos Juan Gerardi, A.C.
Ciudadanía Lagunera por los Derechos Humanos, A.C.
Consejo Ciudadano Permanente (COCIPE)
Alianza Cívica
Asociación de Usuarios del Agua de Saltillo, A. C.
Comunidad San Aelredo

domingo, mayo 23, 2010

martes, marzo 30, 2010

Grupo Santiago; miercoles 7-8 tarde noche por www.somosunoradio.org

Una velada especial amenizada por el Grupo Santiago y su interpretación particular de temas de compositores mexicanos y de las diversas regiones del país.

SomosUno Radio


Desde Santiago de  Querétaro, el grupo más representativo de la música tradicional mexicana en el centro del país, con un trabajo excepcional a lo largo de 12 años, habitan el espacio de la música de Somosuno Radio desde Monterrey México.

miércoles, enero 06, 2010

Acoso y amenazas a padres de niños fallecidos en la Guardería ABC de Hermosillo...




Padrés Elías busca que se reclasifiquen los delitos a los procesados
Presuntos militares acosan a padres que exigen justicia en el caso ABC
Ulises Gutiérrez Ruelas
Corresponsales
Periódico La Jornada
Miércoles 6 de enero de 2010, p. 9
Hermosillo, Son., 5 de enero. Los padres de los 49 niños que murieron a causa del incendio en la guardería ABC denunciaron que en los días pasados, en el plantón que mantienen frente al palacio de gobierno estatal, han recibido amenazas veladas y acoso por parte de desconocidos, algunos –dijeron– al parecer militares vestidos de civil.
Aseguraron que se trata de represalias por las protestas y pega de calcomanías para exigir castigo a los responsables de la tragedia que hoy cumplió siete meses.
Advirtieron que a pesar de estas acciones intimidatorias, su movimiento no cesará en la búsqueda de justicia y, por el contrario, su lucha se intensificará hasta obtener un castigo ejemplar para los culpables de la muerte de 49 infantes y lesiones a decenas más, en el incendio de la estancia subrogada, expuso Patricia Duarte, una de las voceras del grupo.
Ha llegado mucha gente que nosotros pensamos viene con toda la intención de hacernos sentir más mal de lo que estamos, con amenazas veladas y provocaciones, explicó.
Detalló que una de las tácticas más recurrentes que han empleado los desconocidos y presuntos militares en los tres días recientes es acercarse a sus casas de campaña y hablar en voz alta por celulares o con radio con otra persona, a la que confirman el número de manifestantes presentes y lo que hacen en esos momentos.
Durante este difícil recorrido de siete meses hemos recibido solidaridad y apoyo, pero también provocaciones de personas que se han prestado a causarnos más daño con comentarios o ciertos rumores, comentó Patricia Duarte.
Miguel Ángel Haro Moreno, ex candidato del Partido del Trabajo a la gubernatura de Sonora e integrante del Movimiento Ciudadano 5 de Junio, reveló que hace cuatro días una mujer robó algunas de las fotografías de los cinco accionistas de la guardería ABC, las cuales estaban impresas en mantas con la leyenda Justicia.
El gobernador de Sonora, el panista Guillermo Padrés Elías, expuso que buscará que se reclasifiquen los delitos por los que han sido procesados los presuntos implicados en el incendio de la guardería ABC. El mandatario estatal manifestó que su administración analizará la posibilidad de realizar esa gestión, de acuerdo con las facultades que las leyes le confieren.

martes, junio 02, 2009

Libertad a los Presos Políticos de Atenco



Asiste el jueves 4 de Junio al Ángel, para que obliguemos a cancelar estas aberrantes sentencias a los compañeros y pobladores de Atenco.

jueves, enero 01, 2009

De intelectuales, críticos y mafiosos



Andreas Kurz

Ilustración de Huidobro

Hace no mucho tiempo participé en un congreso dedicado a las obras de Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud. Admito que sólo escuché pocas ponencias, dado que la ubicación de la ciudad sede a orillas del mar ofuscaba el atractivo de las lecciones eruditas. Aun así regresé a casa con una enseñanza valiosísima en mis maletas acerca del estado actual de la crítica literaria en México y, muy probablemente, en general.

Los críticos (académicos) que se ocupan de Nietzsche siguieron dos métodos opuestos: 1. Parafrasear correcta y sobriamente los textos y tesis principales del gran sifilítico, y aderezar los resúmenes así adquiridos con una que otra cita textual provocadora. 2. Convertirse en supernietzsches, que no en superhombres, es decir, superar las metáforas oscuras, vagas y líricas, en ocasiones dulzonas, belicosas y prejuiciadas del gran filólogo anárquico, con figuras retóricas tenebrosas, desequilibradas y melifluas, en ocasiones empalagosas, terroristas y maniqueas.

Los escasos freudianos procedieron de manera similar: variaron levemente los párrafos del psicólogo vienés o –y admito que en esta categoría debo ubicarme a mí mismo– borraron los límites entre vigilia y sueño mucho más tajantemente que el padre del complejo de Edipo.

En el vuelo de regreso a Ciudad de México leí varias reseñas literarias –y la analogía entre la crítica de libros y las brumas académicas freudianas y nietzscheanas se me presentó de repente. La crítica literaria, la de las revistas y suplementos culturales –la académica es otra cosa, ya que ni evalúa, ni recomienda–, procede por lo general de dos maneras diferentes: 1. Resume el contenido del libro y espera que el lector potencial se quede “picado”. Eventualmente agrega un placet o un non placet, sin perder demasiado tiempo con la justificación del gusta o no gusta. 2. El reseñista se reseña a sí mismo, es decir, aprovecha la reciente publicación de una novela, un poemario, un ensayo, etcétera, para reflexionar sobre su excelsa persona y, de paso, demostrar al lector de la reseña que aún le falta mucho para ser tan astuto, sabio y erudito como el crítico, quien suele “releer” las obras y, propiamente dicho, ya lo conoce todo. Así que, si el lector potencial pretende ponerse a la altura del crítico, que empiece con el libro escogido por el criterio infalible del lector maestro. Este tipo de reseñista no suele hablar de libros malos, no le gusta escribir textos que destrozan textos. Todos sus amigos y conocidos producen buena calidad. Un subproducto de esta especie se da, de manera biológica, cuando el crítico envejece. Se convierte en Papa y canoniza. Harold Bloom para la literatura anglosajona y Marcel Reich Ranicki para la germana, siguen ejerciendo su pontificado que, en el caso del polaco-alemán, rebasa el de Juan Pablo ii . Ignoro cómo se llaman los Papas español y francés, los subpapas argentino y mexicano. Ha de haber.

Entiendo la crítica literaria cotidiana como un intermediario entre libro y lector. Una tarea de utilidad y responsabilidad, sobre todo en países con mucha producción literaria, pero pocos lectores y menos difusión. La crítica literaria sirve al libro. Nada más y nada menos. Como buena sirvienta es, en ocasiones, más lista que el amo: lo corrige, lo manipula sutilmente. Como sirvienta rebelde da, de vez en cuando, una patada al amo y le grita que se calle. Si el amo es tolerante, liberal y mínimamente modesto, entonces disfrutará de la plática con su sirvienta, la que le jurará fidelidad incondicional, aunque a veces se permita ciertas irreverencias. Los críticos descritos en el párrafo anterior son pésimos sirvientes: insípidos y bastante inútiles unos, altaneros e indignos del amo libro, del amo palabra escrita, los otros. Más allá del bien y del mal, la subespecie: el canon de los críticos que dicta un canon de autores que adora al canon de los críticos porque quiere permanecer en el canon de autores, en la vecindad de los clásicos, los que no se quejan de nada porque están bien muertos.

Obviamente mi ideal de la crítica literaria y mi percepción del estado de la crítica literaria actual divergen. Divergen mucho, forman un contraste. Es decir, según mi percepción, la crítica literaria actual está en crisis. La crítica, la verdadera, prácticamente dejó de existir. Muy pocos la ejercen aún. Hay escasos alumnos de los grandes maestros: los antiguos como Sainte-Beuve o “Clarín” o, ¿por qué no?, Menéndez y Pelayo; los modernos como Barthes o Américo Castro, o Alfonso Reyes o Juan García Ponce, cuando fungen como críticos de uso, no académicos, como tales son otra cosa, creo que ya lo dije.

La crisis de la crítica literaria cotidiana me importa, por otro lado, un comino. Seguro que crisis hay. No puede ser de otra manera. Siempre hay crisis. Desde que tengo memoria hay crisis: política, económica, espiritual, cultural. Claro que también la crítica está en crisis. Sólo es justo.

Esta obvia crisis de la crítica literaria revela una crisis –y ésta sí me importa– del pensar. Es un caso excelente para ilustrar el lamentable renacimiento del Korpsgeist en el medio intelectual. Ponerse la camisa de una ideología, un partido, un líder, una revista, un filósofo, un prejuicio. No quitarse la camisa nunca, ni siquiera cuando ya apesta, no lavarla, no renovarla, no enmendarla y, pese a su lamentable apariencia, pensar que es la más bonita y moderna. Esto podría ser la paráfrasis de Korpsgeist en español.

No sorprende que la palabra intelectual haya adquirido connotaciones negativas que no excluyen un desprecio vergonzoso: perezoso, inútil, sanguijuela, oportunista, engreído, pretencioso, elitista. La lista es larga y, curiosamente, incluye la mayoría de los epítetos que tradicionalmente se relacionaban con el poeta o el artista puro. Se olvida que el concepto intelectual se generó precisamente para hacer frente a la supuesta inutilidad social del arte, de la escritura, del pensamiento en su forma más noble.

Cuando Émile Zola alcanza los límites de la escritura naturalista –concluye su gran ciclo en 1893–; después de su intento frustrado de entender, en sus Tres ciudades, la religiosidad de una época irreligiosa, cree que la escritura no sólo puede analizar la realidad, sino también debería formarla y penetrarla. Zola defiende a Alfred Dreyfus sin conocer al oficial del ejército francés y chivo expiatorio en un escándalo de espionaje peligrosamente parecido a una opereta straussiana. Dreyfus convierte al escritor en intelectual. Zola, Mirbeau y Anatole France, entre otros, se dan cuenta de que el pensador cumple con una función pública de suma importancia: no es manipulable, la verdad le importa más que los intereses particulares y egoístas, más inclusive que los valores patrióticos y la imagen de Francia. La prensa nombra al grupo alrededor del autor de Yo acuso como intelectual, probablemente sin saber que con ello genera un mito: el de los pensadores y artistas responsables, verdaderos barómetros sociales, intachables sus actitudes éticas, aunque sean escandalosas y nihilistas sus producciones artísticas. Hoy sabemos que Dreyfus no salió libre –hace 102 años– gracias a la intervención de Zola, sino debido al miedo del gobierno francés ante un posible boicot inglés y estadunidense de la Exposición Mundial. Aun así, el mito del intelectual clarividente y defensor de la verdad perdurará y tendrá, en Francia, representantes como Sartre, Foucault y Baudrillard, cuyas obras pueden ser desconcertantes y frustrantes, cuyo engagement , sin embargo, a pesar de celos y envidias humanos demasiado humanos, suele ser ejemplar. Hasta los que llegaron a negar la existencia de verdad y realidad no renunciarían a esta apertura del intelectual hacia el mundo concreto. No olvidemos que inclusive el muy onírico Breton decía de sí mismo que su lugar preferido era la calle.

¿Cuándo el intelectual se convierte en sanguijuela social? No dudo en responder, aunque sé que el término tiene connotaciones muy específicas en la cultura mexicana: cuando se vuelve mafioso, cuando forma grupitos, que ya no son grupos que se desprecian mutuamente por razones puramente artísticas, sino que protegen celosamente sus privilegios culturales y económicos. El pensamiento, entonces, sirve a una institución, a una persona, probablemente muy loables ambas, mas el pensamiento deja de ser pensamiento cuando empieza a servir. Los intelectuales franceses se enfrentaron a este dilema cuando tenían que decidirse entre partido sí o partido no, los intelectuales actuales cuando se trata de la pregunta: ¿mafia sí o mafia no?

La crítica literaria tiene escasa importancia dentro de este escenario, “sólo” es sintomática. Los críticos que se explayan sobre un poemario en frases brumosas y místicas que sólo ellos entienden, no son intelectuales; los que resumen el contenido de una novela, de un cuento, parecen creer que con ello brindan un servicio a un público incapaz de leer; los que admiran en cada reseña su propia erudición juegan un papel elitista; de los Papas no hablaré, viven en otro mundo. Las actitudes mencionadas son asociales y antidemocráticas, por ende antiintelectuales en el sentido dreyfusiano. El mejor arte y la mejor literatura son asociales. No cabe duda, y qué bueno que así sea. Las mejores obras son herméticas, especulan deliberadamente con la ignorancia del público. La obra se encierra en sí misma, mas no se cierra hacia el mundo; está en el mundo, pese a su hermetismo. La crítica literaria, que pretende ser un campo intelectual, ignora olímpicamente el mundo cuando fabula acerca de su propia crisis, porque no se da cuenta de que es el subproducto de un producto expuesto a los ojos de todos, es decir, ella misma, debería dirigirse a todos, en lugar de practicar el autoerotismo público.

Rafael Lemus, joven crítico al que aprecio porque se opone a las mafias viejas y jóvenes, se equivoca, sin embargo, cuando pretende elevar la crítica al rango de obra de arte por excelencia. Baudelaire es el modelo. El autor de Las flores del mal, las que, hace siglo y medio, preinauguraron la modernidad, exige, en El pintor de la vida moderna, que el crítico debe ser artista, que la reseña de un libro o un cuadro, una obra de arte original. No obstante, Baudelaire siempre tiene en mente el veredicto de su contemporáneo y amigo Gustave Flaubert: el autor debe desaparecer en su obra, debe ser como Dios que está en todos lados, pero siempre invisible. Baudelaire y Flaubert se hubieran reído a gusto sobre las exigencias hímnicas de Lemus. En “Por una crítica en crisis”, artículo aparecido en el primer número de Cuaderno Salmón, se lee, entre varios pasajes verdaderamente grandilocuentes, lo siguiente: “El crítico habita un libro y se bate con el lenguaje para narrar su estancia. Al escribir se desnuda: su escritura lo revela. Apenas vierte sus juicios a un idioma y ya sabemos demasiado de él. Nada más expresivo, menos pasivo, que la prosa. Basta revisar la sintaxis de un crítico para conocer qué literatura desea. En su ritmo descansa su postura ante la literatura. Sus ideas y juicios son secundarios: se desprenden, como todo, de una escritura. Un crítico vale lo que su prosa.” No me gusta la idea del crítico desnudo, me sobran los poetas y novelistas desnudos, cuyos egos se transparentan en sus libros. No me interesa qué literatura desea el crítico, prefiero las sorpresas, abrirme a la literatura que es un abrirme al mundo, a la calle. No quiero saber nada de la personalidad del crítico, ni de su ritmo, ni de su estilo. Éstos sólo tienen validez dentro de su mundillo herméticamente cerrado que, desgraciadamente, no se ofrece al mundo porque éste no le concierne.

Cuando empieza el metadiscurso en una disciplina, empieza la crisis. El metadiscurso puede ser muy rico y productivo cuando pretende superarse a sí mismo. Cuando sólo se contempla a sí mismo es estéril y aburrido. La crítica, que Lemus exige, sólo se contempla a sí misma. Los intelectuales de hoy, los visibles, están muy contentos en medio de esta autocontemplación. Suelen vivir bien, tienen reconocimiento, espacio y medios para producir. Desgraciadamente, no son intelectuales porque no distinguen entre campo social y campo artístico. Éstos se confunden y amalgaman. La crisis, la que sea, se vuelve deseable y bonita. ¡Qué salto cuántico etimológico admirable!

Lemus empieza una de sus reseñas, la que, como tal, es excelente, porque reta a un miembro de una mafia joven, el que probablemente ni siquiera sabe que pertenece a una mafia, con una afirmación reveladora: “El reseñista se presenta. El reseñista no es Roland Barthes.” ¡Correcto! Quizás Barthes sólo leía “a medias ciertos libros”, pero Barthes era un verdadero intelectual, propagaba el fenómeno literario en medio del campo social, inclusive con la ayuda de los libros que aborrecía. Barthes detectaba muchas crisis en su entorno, pero no se sentía nada bien entre ellas. Barthes pensaba y escribía contra la crisis, no en su apoyo. Barthes no pertenecía a ninguna mafia, ni quería pertenecer a ella.

La crítica literaria haría bien en no excitarse con la propia crisis, en tomarse un poco menos en serio; haría bien en recordar a los escritores que están a punto de olvidar que también son intelectuales.

Enseñanzas de un congreso sobre Nietzsche y Freud a orillas del mar, quizás producto de una insolación.

sábado, marzo 29, 2008

Desfiladero

Jaime Avilés

■ Calderón vendió Pemex en California

■ Se comprometió con gaseras de México y Canadá

■ Despilfarró 19 millones de pesos el 15 de septiembre

Durante una reunión patrocinada por Igasamex –conglomerado de firmas de México y Canadá, que hacen negocios con gas natural y productos petroquímicos–, Felipe Calderón aseguró que “61 por ciento de los mexicanos está en favor de una reforma” que modifique el régimen legal de los hidrocarburos en nuestro país.

También dijo que durante los próximos 10 años, “México requerirá una inversión de 140 mil millones de dólares para desarrollar su energía”, y garantizó que, en materia de petróleo y gas natural, “el potencial de nuestro país es enorme”, y subrayó este adjetivo, “enorme”, antes de advertir que no podía “hablar de muchas cosas (al respecto) porque es un tema muy peligroso en términos políticos y si queremos ir hacia delante hay que hacerlo paso a paso”.

Sus palabras quedaron registradas en un video que grabó el Instituto de las Américas, en una charla que Calderón sostuvo con el ex embajador de Estados Unidos en México, Jeffrey Davidow en La Jolla, California, el 10 de noviembre de 2003. (Ustedes pueden consultarlo en YouTube, bajo el nombre de “Encuentros: Davidow and Calderon November 2003”).

¿Qué insinuó el entonces secretario de Energía con eso de “si queremos ir hacia adelante hay que hacerlo paso a paso”? Claro: que tenía que obtener, primero, la candidatura del PAN a las elecciones de 2006 y después llegar a Los Pinos “como haiga sido”. Aquel encuentro con Davidow en realidad fue una entrevista de trabajo, en la que el autodenominado “presidente del empleo” le pidió a Estados Unidos el empleo de presidente de México.

La comparecencia fue auspiciada por la Reinhart Foundation, de San Diego, California, que fomenta “proyectos para México y Guatemala” bajo el lema “ayudando a otros a ayudarse a sí mismos”, y por el consorcio Servicios Integrados de Gas de México (Igasamex, en inglés) que en su página web se anuncia como una empresa establecida en 1996, dueña de “13 gasoductos en México con los cuales sirve a 86 clientes que representan todas las ramas de negocios del país”.

De acuerdo con su propio portal, Igasamex tiene presencia en todo el Golfo de México, desde Altamira, Tamaulipas, hasta Yucatán, pero, ojo, no en Campeche, territorio exclusivo de la familia Mouriño. Socios de Igasamex, y por lo tanto copatrocinadores del encuentro de Calderón con Davidow, fueron asimismo Fergus Thermes, Corporativo San Ángel y Saks Energy.

Fergus Thermes, “empresa mexicana con 60 años de experiencia”, posee una múltiple personalidad que le permite fabricar equipos de refrigeración, importar/exportar petroquímicos, alquilar bodegas en el estado de México y oficinas en la colonia Del Valle y dar toda clase de asesorías, mientras Corporativo San Ángel, con oficinas en la calle de Altavista, DF, lleva “80 años distribuyendo combustóleo, diesel y combustibles marinos”, desde que alguien la fundó en 1927 y, por lo visto, no se enteró de la expropiación petrolera de 1938. Lo misterioso del asunto es que en Internet, ni Fergus Thermes ni Corporativo San Ángel revelan los nombres de sus propietarios, como tampoco hacen los de Sask Energy, que “suministra gas natural a 314 mil clientes a través de 64 mil kilómetros de ductos en Canadá”.

Estos magnates sin rostro impulsaron la precandidatuta de Calderón ante Davidow, un embajador de carrera que estuvo en Chile antes y después del golpe contra Salvador Allende, más tarde en países petroleros de África y por último en México, donde se jubiló a mediados de 2001, antes de asumir, en junio de 2003, la presidencia del Instituto de las Américas, creado por intelectuales de la Universidad de California en San Diego para “promover discusiones y debates sobre políticas públicas en países de la región”.

Aquella noche de noviembre de 2003, Davidow dijo que Calderón estaba sentado en “la silla más caliente del gabinete de Fox” y le pidió su opinión sobre la industria petrolera. El aspirante al empleo, hablando un inglés de campesino pese a que estudió en Harvard, dijo, además de todo lo que ustedes ya han leído, que México “requiere de una reforma fiscal que le permita librar a Pemex de la tremenda carga impositiva que soporta”.

Hoy, esa reforma fiscal, diseñada por Agustín Carstens, es todo un hecho, pero Pemex no se libró de ninguna carga impositiva. Por lo tanto, Calderón propuso una “solución” que se llevó a la práctica y no sirvió absolutamente para nada. ¿Por qué habrían de funcionar entonces las medidas que desea aplicarle a Pemex para cumplir sus compromisos secretos con Igasamex, Saks y las petroleras anglosajonas?

En una sociedad democrática, una reforma como la que pretende la derecha (Manlio Fabio Beltrones incluido, a estas alturas no va a engañar a nadie con sus desplantes y sus alianzas con lo peor del hampa política), tendría que empezar por un debate a fondo, difundido por todos los medios y con la participación de todos los sectores, después de lo cual, como siguiente paso, debería efectuarse un plebiscito nacional, cuyo resultado determinaría, por último, la conducta de los legisladores en las cámaras. Esto, como todos sabemos, no es posible en México. Aquí no sólo no existe la figura del plebiscito sino que tampoco contamos con instituciones electorales confiables.

Aparte de perder el debate antes de iniciarlo, Calderón se quedó sin mano derecha para negociar nada, y al llegar a la ceremonia del 18 de marzo en compañía de Juan Camilo Mouriño y declamar asombrosamente que “quien viola la ley ofende al prócer”, convirtió el homenaje a Benito Juárez, como bien señala Joaquín Romo de Vivar desde Monterrey, “en un homenaje a Maximiliano que ofende a todo el país”.

Pero si la sociedad mexicana está preocupada por Pemex, y más activa que nunca (hay quienes ya no duermen porque se pasan la noche quemando cds para divulgar información contra el anuncio del tesorito), otros fiscalizan a Felipe Calderón y descubren, como Óscar A. García, del portal de la resistencia atsyber, que el 15 de septiembre pasado el gobierno espurio despilfarró 19 millones de pesos en el Zócalo.

De acuerdo con un reporte del IFAI, los gastos del Grito ascendieron a 18 millones 813 mil 743 pesos, que fueron repartidos así: 6 millones 207 mil pesos para “talento artístico” (?); 320 mil pesos para la conductora Mariana Seoane (que estuvo imitando a Gabriela Cuevas), 2 millones 282 mil pesos para la banda El Recodo y 2 millones 800 mil pesos para K-Paz de La Sierra (cuyo vocalista fue asesinado por el narcotráfico tiempo después). ¿Este es el gobierno que merecen los mexicanos?

jueves, febrero 14, 2008

LA PROTESTA ES UN DERECHO, LA REPRESIÓN UN DELITO

De la Secretaría Ejecutiva de la RED-TDT


CAMPAÑA CONTRA LA CRIMINALIZACIÓN
DE LA PROTESTA SOCIAL



Violencia Estructural en México

En México vivimos una lacerante violencia estructural ejercida por las instituciones y el sistema social. La violencia estructural es aquella que en la que se manifiesta tanto la desigualdad como la represión. Es, además, una violencia legalizada que se corresponde con las injusticias estructurales: económicas, sociales, por discriminación sexual y racial, de desigualdad de oportunidades, de marginación, de hambre y de pobreza, y de violación a derechos humanos. Es estructural porque al reproducir las estructuras sociales injustas y sus conflictos, reproduce la desigualdad del orden social institucional y legal existente.

La pobreza constituye una violación generalizada a los derechos humanos, en particular de los derechos sociales básicos. Según cifras conservadoras, en México el 42% de la población vive en la pobreza, y casi el 14% vive en pobreza extrema. Según el propio Banco Mundial la pobreza en México es del 50%. Esta violación generalizada se torna más escandalosa si consideramos que Carlos Slim, el hombre más rico del mundo, concentra casi el 8% del PIB en México y que las 38 familias más ricas de México concentran el 14.4% del PIB mientras que el 10% (más de 10 millones) más pobre recibe el 1.6% del PIB y el 60% de la población más pobre (más de 60 millones de personas) concentra tan sólo el 27.6%.del PIB. Según el PNUD, si se transfiriera tan sólo el 5% del ingreso del 20% más rico de la población en México a los más pobres, aproximadamente saldrían de la pobreza 12 millones de mexicanas y mexicanos.

Esta indignante desigualdad que se vive en México, no sólo es económica, sino que se refleja en el goce y disfrute de todos los derechos humanos. Como señala Amnistía Internacional en México existen leyes sin justicia. A los más pobres se les niegan, además de sus derechos sociales, sus derechos civiles básicos: no tienen protección contra la violencia policial y varias formas de violencia privada; se les niega el acceso igualitario a las instituciones del Estado y los juzgados; sus domicilios pueden ser invadidos arbitrariamente; y, en general, están forzados a vivir una vida no sólo de pobreza sino también de humillación recurrente y miedo a la violencia, muchas veces perpetrada por las fuerzas de seguridad que supuestamente deberían protegerlos. Este sector de la población no solo son materialmente pobres, sino también legalmente pobres. Los penales en México no están habitados en general por los delincuentes más peligrosos, sino por los más pobres y en cambio es poco común que personas acaudaladas sean condenadas por los delitos que cometieron.

Esta violencia estructural se refleja también en los altos niveles de violencia y discriminación que existe en México contra las mujeres, contra las personas con preferencias sexuales diferentes, contra las y los niños y jóvenes contra los pueblos indígenas.

Asimismo, esta violencia estructural existente se ha ido ampliando mediante cambios legislativos que la profundizan y legalizan. Un ejemplo de lo anterior han sido las reformas a la ley del ISSSTE y del IMSS y la flexibilización laboral que reducen los derechos de los trabajadores; la reforma que se dio al artículo 27 Constitucional para eliminar la inalienabilidad de la tierra dejando a los campesinos desprotegidos; la propuesta de reforma a las normas de estaciones migratorias que tratan a los migrantes centroamericanos como delincuentes; la criminalización de los usos y costumbres de los Pueblos Indígenas; la restricción del derecho a huelga; etc.


LEGALIDAD, ESTADO DE DERECHO, DEMOCRACIA Y DERECHOS HUMANOS

Actualmente, los contenidos de los conceptos de Legalidad, Estado de Derecho, Democracia y Derechos Humanos están en disputa. Cuando el Gobierno mexicano habla de legalidad, estado de derecho y democracia, no está hablando de lo mismo que se entiende por estos conceptos desde los derechos humanos, sino que habla desde el autoritarismo.

La legalidad de la que habla Calderón es una ‘mera legalidad’, que consiste en la autorización legal para utilizar la violencia, sin una rígida vinculación a la ley misma. Una ‘mera legalidad’ que se vale de figuras delictivas dotadas de cierta elasticidad, no taxativas que dejan el campo libre a la arbitrariedad. Es decir, esta ‘mera legalidad’ se basa en el alto grado de indeterminación semántica que caracteriza a la mayor parte de los tipos delictivos y la discrecionalidad punitiva donde cuando se trata de sancionar la corrupción de funcionarios públicos de alto nivel se invoca la presunción de inocencia y la falta de pruebas quedando éstas siempre en la impunidad -tal es el caso de la impunidad que gozan Mario Marín, Gobernador de Puebla; Ulises Ruiz, Gobernador de Oaxaca; Jorge Hank Rhon en Tijuana; los dueños de la Compañía Minera México y de la Mina Pasta de Conchos; Rubén Figueroa, exgobernador de Guerrero; Luis Echeverría, ex Presidente de México; etc., etc., - y para sancionar la protesta social se invoca la aplicación de todo el peso de la ley, la legalidad, y el Estado de derecho, con pocas o ninguna pruebas y sin garantías de debido proceso para los acusados. Atenco es quizá uno de los ejemplos paradigmáticos donde los líderes del movimiento social fueron sentenciados a 67 años y los policías que violaron y agredieron sexualmente a 26 mujeres no fueron sancionados. Todo en nombre de la legalidad y el estado de derecho.

Así, el argumento que escuchamos una y otra vez por parte del Gobierno Federal y los gobiernos estatales cuando se detiene a líderes de movimientos o se reprime alguna manifestación, es que lo que se protege es el Estado de derecho, la legalidad, y la democracia. En dos ocasiones antes de tomar posesión, Calderón hizo idénticas declaraciones señalando: “jamás renunciaré a mi deber de cumplir y hacer cumplir la ley, con la fuerza de la democracia y el Estado de derecho”, una vez para referirse al tema de seguridad pública y la otra refiriéndose al conflicto en Oaxaca .

Sin embargo, la ‘estricta legalidad’ o imperio de la ley debe ser un universo ético, una exigencia ético-política, más allá del puro derecho positivo, no se refiere al derecho que es, sino al de debe ser. No se realiza, pues, en la mera legalidad.

Es así que el Estado de derecho es el imperio de la ley, pero no cualquier especie de imperio de la ley. También las dictaduras modernas y regimenes totalitarios, pueden alegar la legalidad: también se pueden legislar arbitrariedades: “Estas arbitrariedades legalizadas también son derecho (ilegítimo, injusto) y quien las aplica también es Estado (dictatorial, autoritario), pero no es un Estado de derecho”. Pinochet siempre utilizó el argumento de la defensa de la legalidad, el orden y la libertad cuando durante su dictadura modificando la Constitución para que sus actos represivos fueran ‘legales’.

Lo que en definitiva diferencia de manera radical y substancial al Estado de derecho, es su concepción del imperio de la ley como expresión de la voluntad popular. El concepto de imperio de la ley se comprende y se fundamenta en los derechos fundamentales, que constituyen el núcleo de su misma coherencia interna y también su justa legitimidad. Los derechos humanos – civiles, políticos, económicos, sociales y culturales – constituyen la razón de ser del Estado de Derecho.

Aún más, el Estado de derecho es una noción sustantiva que demanda ciertos resultados sociales o económicos. No es la obediencia ciega a la ley, sino que implica además la protección y garantía de los derechos fundamentales. Esta protección y garantía de los derechos fundamentales es lo que permite que la ley pueda ser construida mediante un proceso participativo y deliberativo.

En México no se puede hablar de que exista una protección y garantía de los derechos humanos de la población que vive en pobreza. Además con una impunidad del 98% en el país, de ninguna manera se puede considerar que ni siquiera exista una ‘mera legalidad’.

Por otro lado, cuando el gobierno habla de Democracia, se refiere a los resultados electorales avalados por las instituciones electorales, se habla de una democracia meramente procedimental y formal, que se relaciona con un Estado de derecho lato o débil.

Desde los derechos humanos una Democracia es una democracia sustantiva, en la que las normas sustanciales sancionan, a través de los derechos fundamentales, los fines del ordenamiento. En una Democracia constitucional como la que presume tener México, ésta debe ser entendida como aquélla democracia que garantiza todos los derechos, no solo los derechos de libertad sino también los derechos sociales; y que al mismo tiempo los garantiza frente a todos los poderes, no sólo frente a los poderes públicos, sino también frente a los poderes privados, no sólo del Estado, sino también del mercado y en todos los niveles, no sólo el federal, sino también el estatal y municipal y el internacional.

Entre los elementos esenciales de la democracia están, por tanto, la satisfacción de las necesidades humanas básicas (alimentación, vivienda, vestido, educación, trabajo). En una sociedad democrática, el orden jurídico sólo se realiza y justifica con la observancia y garantía de los derechos humanos. La protección de estos es un propósito básico del orden jurídico. A su vez, el ejercicio efectivo de la democracia contribuye decisivamente para la observancia y garantía de los derechos humanos, y la plena vigencia de estos caracteriza, en última instancia, al Estado de Derecho.

El ejercicio efectivo de la democracia requiere como presupuesto el ejercicio pleno de los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos. En una Democracia Constitucional, la pobreza extrema es ilegal ya que las condiciones de legitimidad del Estado, es decir las condiciones para que un Estado merezca nuestra obediencia, no se alcanzan allí donde el Estado niega a millones de personas, a través de un orden institucional inequitativo, los recursos mínimos para una vida digna. En resumidas cuentas, no hay democracia sin derechos humanos, tomados estos en su conjunto (derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales) y la plena vigencia de los derechos humanos es lo que caracteriza al Estado de derecho y la legalidad.

En México, en cambio, se aplica un derecho que – como señala Gargarella – acostumbra hacer lo que no debe: “maltrata a quienes debe cuidar, persigue a quienes debe proteger, ignora a quienes debe mayor atención, y sirve a quienes debe controlar” . Es decir, opera un derecho mafioso, donde se aplica la ley de forma discriminatoria, particularmente contra los pobres y quienes se enfrentan al Estado, por lo que no podemos hablar de la existencia de Legalidad, Estado de Derecho o Democracia; cuando el gobierno aduce a estos conceptos - legalidad y Estado de derecho - está hablando de represión y violencia institucionalizada. La criminalización de los movimientos y protestas sociales en México, muestran cuán lejos estamos de la democracia. La CIDH ha señalado que la criminalización de la legítima movilización y protesta social, sea a través de represión directa a los manifestantes, o a través de investigación y proceso criminal, es incompatible con una sociedad democrática donde las personas tienen el derecho de manifestar su opinión.

Por otro lado, el Estado mexicano es un Estado burocráticamente ineficiente y económicamente colonizado por parte de los intereses privados, que no puede cumplir con su dimensión de legalidad. La legalidad que ofrece no sólo descuida la efectivización de muchos derechos de la población en general, sino que manifiesta sus sesgos a favor de los mismos intereses que colonizan al Estado en su faceta de aparato burocrático. En consecuencia no es capaz de actuar como filtro y moderador de las desigualdades sociales. Es también un Estado casi completamente sordo a las demandas de equidad y reconocimiento que surgen del sector popular y al contrario, es reproductor activo de las desigualdades existentes, así como también un facilitador, y no un control, de las más devastadoras consecuencias de la globalización.


LA PROTESTA COMO DERECHO Y COMO EJERCICIO DE DEFENSA DE DERECHOSÇ

El reconocimiento de los derechos humanos es fruto de luchas populares de muchos años en diferentes contextos históricos y sociopolíticos, a través de movimientos y organizaciones sociales. Estos logros se han dado a través de revoluciones y luchas armadas, pero también a través de numerosos métodos de protesta que han permitido visibilizar las condiciones de opresión, pobreza, marginación y discriminación en que vive una parte importante de la sociedad.
Así la protesta es una de las formas de Garantía de los derechos. Es una garantía extrainstitucional o social de los derechos. Es decir, la protesta es un instrumento de defensa o tutela de los derechos que depende directamente de sus titulares. El ejercicio de ciertos derechos civiles y políticos funcionan como garantía por lo menos de expresión de forma de descontento y denuncias en el espacio público respecto al incumplimiento de los derechos. Entre estos derechos, vinculados con el derecho a la protesta y que funcionan como garantías tenemos:

• Libertad de Expresión
• Libertad de Manifestación
• Libertad de Asociación
• Libertad de formar partidos políticos
• Derecho a acceso a la información


El derecho a la protesta es lo que se conoce como Autotutela de derechos. Son formas de acción en las que los propios titulares emplean vías directas para reclamar o defender un derecho. La Autotutela es un derecho civil clásico. El ejemplo más clásico es el derecho a Huelga (el derecho a afectarle al patrón la producción). La historia de los derechos sociales, en gran medida es la historia del empleo de formas de autotutela de derechos y de su posterior reconocimiento. Las acciones de autotutela surgen cuando no existen canales institucionales para resolver los problemas, o éstos canales se han agotado, o cuando los reclamos son ignorados por las instituciones públicas o cuando la gravedad de la violación es enorme.

Las extendidas violaciones a los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales en México, son una forma de violencia estructural. Frente a esta violencia, han surgido a través de los años numerosos movimientos sociales que mediante diferentes formas de lucha han intentado hacer frente a esta violencia estatal.

La protesta social es la expresión del descontento ciudadano frente a decisiones en las que no han estado involucrados y/o que les desfavorecen o perjudican. En México, desde hace muchos años la protesta social ha sido uno de los medios para exigir el cumplimiento de los derechos humanos y, en muchos casos, se ha convertido en la única vía de reclamo de derechos para los menos privilegiados, y quienes son discriminados.

La propia CIDH ha reconocido que “los sectores más empobrecidos de nuestro hemisferio confrontan políticas y acciones discriminatorias, su acceso a información sobre la planificación y ejecución de medidas que afectan sus vidas diarias es incipiente y en general los canales tradicionales de participación para hacer públicas sus denuncias se ven muchas veces cercenados. Ante este escenario, en muchos países del hemisferio, la protesta y movilización social se han constituido como herramientas de petición a la autoridad pública y también como canales de denuncias públicas sobre abusos o violaciones a los derechos humanos”.

Frente al retroceso en el goce de los derechos sociales, el aumento de la inequidad en la concentración de la riqueza y la profundización de la exclusión social, se han generado protestas y movilizaciones sociales en diferentes partes del país. La lucha por el derecho a la tierra, el derecho al medio ambiente sano, las manifestaciones contra reformas económicas y las protestas contra la flexibilización laboral, entre muchas otras, han llevado a miles de defensoras y defensores, líderes estudiantiles, sociales y rurales a organizarse con el fin de luchar por la efectividad de sus derechos.

Ante estas protestas los medios de comunicación y empresarios, entre otros, piden la aplicación de todo el peso de la ley y el respeto a los ‘derechos’ de terceros. Se habla, por ejemplo, de confinar las marchas a lugares donde no afecten la circulación vehicular. Sin embargo, hay que tener en cuenta que las marchas, plantones y cierres de calles son acciones de desafío a los poderes públicos como forma de llamar la atención de la sociedad sobre la existencia de injusticias profundas y de exigir políticas públicas correctivas, es decir, poner a la discusión pública los problemas que se viven en diferentes lugares del país.

La CIDH ha señalado que “las restricciones al ejercicio del derecho de reunión y libertad de asociación son graves obstáculos a la posibilidad que tienen las personas de reivindicar sus derechos, dar a conocer sus peticiones y promover la búsqueda de cambios o soluciones a los problemas que les afectan”.

La CIDH ha considerado que “en una sociedad democrática el espacio urbano no es sólo un ámbito de circulación, sino también un espacio de participación”. Asimismo, la Comisión se ha referido a que la detención de participantes en manifestaciones pacíficas atenta contra la libertad de reunión.

Por su parte la Corte Europea de Derechos Humanos ha establecido que “Una manifestación puede causar molestias u ofender a aquellas personas que se oponen a las ideas o reclamos que la manifestación intenta promover. Sin embargo, los manifestantes deben poder manifestarse sin tener miedo a sufrir violencia física por parte de sus opositores; dicho miedo podría disuadir a asociaciones o grupos de personas que tienen ideas o intereses en común para que no expresen sus opiniones sobre cuestiones sumamente controvertidas que afectan a la comunidad. En una democracia el derecho de oponerse a una manifestación no puede extenderse hasta el punto de inhibir el ejercicio del derecho a manifestarse”.

Asimismo, la CIDH ha señalado que “Las obligaciones estatales en cuanto a la protección y garantía del derecho de reunión, incluyen acciones que de no ser previstas, obstaculizan la labor de defensa de los derechos humanos. Así, los Estados están obligados a asegurar que ninguna defensora o defensor sea impedido de reunirse y manifestarse públicamente, lo cual comprende tanto que las autoridades estatales deben abstenerse de impedir el ejercicio de este derecho, como la provisión de medidas para evitar que terceros lo impidan. Los Estados, además, deben proveer las medidas administrativas y de policía necesarias para que las defensoras y defensores puedan desarrollar su actividad, lo cual implica medidas positivas como la desviación del tráfico y la protección policial de las manifestaciones y concentraciones, en caso de ser necesario”.



POLÍTICA DE REPRESIÓN Y CRIMINALIZACIÓN DE LA PROTESTA SOCIAL

La política de represión y criminalización de la protesta social implica acciones represivas policiacas que nunca son investigadas y sancionadas, y al mismo tiempo implica hacer legal la injusticia y utilizar la ley para sancionar a quienes se enfrentan al Estado en la lucha por sus derechos.

Durante la era del PRI, los movimientos y protestas sociales fueron frecuentemente reprimidas, como es el caso del 68, el 71 y la represión que se dio durante los años 70 y 80 contra grupos de oposición armada y sospechosos de pertenecer a estos grupos, en los años 90’s encontramos los casos de Aguas Blancas, El Charco y El Bosque, entre otros.

Actualmente, a pesar de la alternancia en el poder en el año 2000 y el fin de la era del PRI como la conocíamos, se siguen dando casos graves de represión contra los movimientos y la protesta social. En el sexenio de Fox, particularmente desde 2004, ocurrieron graves casos de represión como lo fue el caso de los alter mundistas en Guadalajara en 2004 y los casos de Atenco, en el Estado de México y Oaxaca en 2006. Calderón ha continuado e incrementado esta política represiva, la cual tiende a institucionalizarse, por ejemplo, a través del incremento de la militarización y de la propuesta de reforma a la seguridad pública, propuesta por Calderón y aprobada inicialmente por el congreso, que da lugar a un estado policial.

Un Estado represor utiliza, entre otras, las siguientes formas de respuesta ante la protesta social:

• Renuncia al diálogo. Se cierran los espacios de diálogo. Se ignoran las demandas. Se posponen las respuestas. Se crecen los conflictos.

• Represión policial (con policía pública o privada). Se aplica la represi
ón directa mediante la utilización de la violencia física en sus diferentes formas contra los movimientos y protestas sociales: uso desproporcional de la fuerza, secuestro express (la policía detiene, tortura y libera sin poner a disposición de la autoridad), abusos sexuales contra de las mujeres, uso de gases lacrimógenos, amenazas, vigilancia, torturas, cateos ilegales, censura, restricciones para publicar, restricciones para realizar asambleas, reuniones o marchas, etc. Todo esto seguido de la consecuente impunidad para los represores.

• Descalificación. Quienes se manifiestan y protestan son señalados como delincuentes, desestabilizadores y acusados de violar derechos de terceros por la autoridad, los partidos políticos, los poderes privados, etc.

• Militarización de la vida civil. Se militariza la vida civil para que sea el Ejército quien enfrente a la protesta y el descontento social. Esta militarización se da por diversas formas:

o Transferencia de soldados a los cuerpos policíacos, que después serán encargados de reprimir las manifestaciones.
o Designación de Militares en los altos puestos de las instituciones encargadas de la procuración de justicia.
o Participación directa del Ejército en acciones de combate a la delincuencia.
o Instalación de retenes militares con el pretexto del combate al narcotráfico.
o Militarización de comunidades indígenas y de alta marginación mediante la instalación de campamentos militares.


Criminalización de la protesta social. Esta es la judicialización de los conflictos sociales y la renuncia al diálogo y la política. Se lleva el conflicto a la arena judicial y se encarcela y somete a proceso penal a los líderes o participantes de los movimientos y las protestas sociales, quienes entonces deben concentrar sus energías en defenderse de dichas acusaciones. Se trata de la aplicación de una política de criminalización de la protesta social como forma de control del descontento social, empleando cada vez más la legislación penal para enfrentar la protesta social y sus manifestaciones. Las diferentes formas en las que esta Criminalización se manifiesta son:

o Detenciones Arbitrarias y otras violaciones al debido proceso. Se efectúan numerosas detenciones arbitrarias, utilizando la Flagrancia como recurso para detener sin orden judicial a líderes de los movimientos sociales y otros manifestantes; se les impide el acceso a sus expedientes, se alargan injustificadamente los procesos, etc.
o Equiparación de luchadores sociales con delincuentes. Se tacha a los movimientos sociales y a sus protestas como elementos desestabilizadores que atentan contra la seguridad nacional, señalando que no se tolerarán desafíos a la autoridad del Estado. Se les fabrican delitos (pueden ser delitos comunes como robo o portación de arma). Se encarcela a los líderes en centros de alta seguridad como si fueran peligrosos criminales.
o Agravamiento de las acusaciones. Imputación de delitos políticos o contra la seguridad nacional, que son delitos graves, para poder sancionar judicialmente las protestas sociales. Se imponen fianzas que no se pueden cubrir para tenerlos encarcelados mientras se determina su situación jurídica y tener control sobre la negociación. Desde el aparato de justicia al aplicar la ley se adaptan las figuras delictivas para que se puedan aplicar a los actos que se desean penalizar como la equiparación de la retención de funcionarios con el secuestro , teniendo como consecuencia una desproporcionalidad de las penas y la imposibilidad de seguir su proceso en libertad.
o Ilegalización de la protesta social. Se legislan nuevos delitos de una forma tan ambigua que puedan ser utilizados contra los movimientos sociales, como el delito de Terrorismo que se aprobó este año y que señala “se impondrá pena de prisión de seis a cuarenta años y hasta mil doscientos días multa, sin perjuicio de las penas que corresponden por los delitos que resulten, al que utilizando sustancias tóxicas, armas químicas, biológicas o similares, material radioactivo o instrumentos que emitan radiaciones, explosivos o armas de fuego, o por incendio, inundación o cualquier otro medio violento, realice actos en contra de las personas, las cosas o servicios públicos, que produzcan alarma, temor o terror en la población o en un grupo o sector de ella, para atentar contra la seguridad nacional o presionar a la autoridad para que tome una determinación”.
o Falta de debido proceso penal. Quienes protestan y son detenidos y sometidos a un proceso penal, por lo general, no tienen un debido proceso penal. Se les obstruye el acceso a un abogado, no se les deja conocer el expediente, la carga de la prueba recae en ellos, etc.


LA DEMOCRACIA Y LA PROTESTA SOCIAL

Tenemos así que cuando las personas se organizan, denuncian injusticias y exigen sus derechos, son tratados como delincuentes, y al mismo tiempo, se realizan reformas legales que ilegalizan la protesta social, violando sus derechos a la vida, la integridad física, la libertad de expresión, reunión y asociación, entre otros. Todo esto se hace en nombre de la Legalidad, el Estado de Derecho y la Democracia.

Como se mencionó anteriormente para la CIDH en una sociedad democrática el espacio urbano no es sólo un ámbito de circulación, sino un espacio de participación. Así, Gargarella señala que “el derecho a la libertad de expresión no es un derecho más sino, en todo caso, uno de los primeros y más importantes fundamentos de toda la estructura democrática”. Asimismo recuerda que la doctrina sobre el “foro público” considera justamente a las calles como lugares especialmente privilegiados para la expresión pública.

Como el mismo Gargarella señala “La mayoría de las expresiones públicas de la ciudadanía acarrean costos y molestias para terceros que, sin embargo, y en principio, deben tolerarse en honor a la libertad de expresión” siendo este derecho parte fundamental de la democracia.

Es necesario reconocer, por tanto, que la protesta social en sus diferentes manifestaciones no solamente constituyen el ejercicio de derechos y una forma de luchar por los mismos, sino que también son un aporte a la calidad democrática. Son un llamado de atención sobre las injusticias estructurales con las que de otro modo quienes ostentan el poder político y económico, y una buena parte de la sociedad estarían dispuestos a convivir como parte del paisaje social. Los pocos avances que se han logrado en México en materia de derechos humanos han sido resultado de estos movimientos y luchas sociales.

En las condiciones sociales que se viven en México que hemos mencionado anteriormente, la protesta social, constituye una demanda concreta de ciudadanía. Como lo señala Gargarela: “El derecho a protestar aparece así, en un sentido importante al menos, como el primer derecho: el derecho a exigir la recuperación de los demás derechos”.

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OEA-CIDH. Informe sobre la situación de las defensoras y defensores de los derechos humanos de las américas, OEA/Ser.L/V/II.124, 7 de marzo de 2006, p. 215
OEA-CIDH, op. cit. párr. 215
Alegre, op. cit. p. 74
OEA-CIDH, op. cit.. párr. 51
Ídem. Párr. 56
Corte EDH, Caso Plattform “Arzte fur das Leben” c. Austria, Sentencia del 21 de junio de 1988, Serie A. No. 139, párr. 132. Citado en OEA-CIDH, op.cit. párr. 54
OEA-CIDH, op.cit. párr. 54
Rodríguez, Esteban. “El derecho a la protesta, la criminalización y la violencia institucional”. Ensayo. TeritorioDigital.com. 10 de junio de 2007. Disponible en: http://www.territoriodigital.com/nota.aspx?c=4236725030446172
Periódico La Jornada. “No toleraremos desafíos al Estado, advierte Calderón”, Jesús Aranda, Claudia Herrera, Misael Habana Enviados, Corresponsal. 20 enero 2007.
La sentencia a 67 años de prisión a los líderes de Atenco por la retención de funcionarios en febrero de 2006, equiparándolo con secuestro es una muestra de lo anterior.
OEA-CIDH. op. cit. párr. 216
Gargarella, 2005. op. cit. p. 26
Gargarella, 2005. op. cit. p. 27
Gargarella, 2005. op. cit. p. 28
Alegre, op. cit. p. 74
Gargarella, 2005. op. cit. p. 19